La pesadilla comenzó antes de las 18 horas de aquel fatídico martes. La previsión meteorológica alertaba de intensas lluvias pero éstas se volvieron torrenciales en pocos minutos dejando más de 237 litros por metro cuadrado en Sant Llorenç entre las 18:30 y las 19:30 horas. Tanto es así, que el SEIB ya había recibido 111 llamadas de auxilio antes de las 21:00 horas y los avisos eran de extrema gravedad, incluyendo denuncias de personas desaparecidas.
Visto el número de incidentes reportados, el Govern declararó a las 21:07 horas el nivel 2 del plan especial de protección civil sobre el riesgo de inundaciones (INUNBAL). Para entonces, ya se atendía a 342 personas y se gestionaban 221 incidentes catalogados como prioritarios (con operaciones de salvamento de vidas humanas).
Sin embargo, no es hasta las 22:01 horas que la Aemet eleva la alerta a nivel rojo y las 22:33 cuando se solicita la activación de la Unidad Militar de Emergencias, visto el número de viviendas afectadas, la cantidad de vehículos siniestrados y el elevado número de personas desaparecidas a consecuencia de las inundaciones. Para entonces, las Administraciones tienen constancia de los primeros cadáveres y ya son 9.000 las personas afectadas por las inundaciones en los términos municipales de Sant Llorenç, Artà y Manacor.
A partir de este momento, la máxima priorida de los servicios de Emergències es encontrar a los desaparecidos. Por ello, destina el 80 por ciento de sus efectivos a esta misión dejando el 20 restante a la limpieza de cauces de torrentes en previsión de futuras lluvias y complicaciones. Cabe reseñar la cifra de agentes y voluntarios oficiales que colaboraron durante una semana en la recuperación de la zona: 343 de media, con un pico máximo de 807 personas. Día y noche, sin descanso, toda Mallorca se volcó con Sant Llorenç y sus vecinos.
13 FALLECIDOS: DESDE BERNAT HASTA ARTHUR
Pero sin duda, el peor registro de aquel fatídico 9 de octubre lo deja el listado de fallecidos: Bernat Estelrich, Rafel Gili, Joana Ballester, Biel Mesquida, Anthony y Delia Green, Juan Grande, Mike y Petra Kircher, Andreas Körlin, Tine Noig Orotella, Joana Lliteras y su hijo Arthur, de siete años.
A Bernat Estelrich, llorencí de 83 años, la tromba de agua le sorprendió en casa, ubicaba prácticamente en el epicentro del desastre. Vivía solo y su cuerpo fue el primero que halló la Guardia Civil.
Rafel Gili, de 72 años, exalcalde de Artà y muy querido en la comarca, se encontraba en su casa de la carretera de Canyamel cuando la pared del garaje se le vino encima. Fue la segunda muerte confirmada y el suceso provocó una enorme conmoción.
A Joana Ballester, de 89 años, fue su hijo Miquel quien la encontró muerta en su casa de la carretera de Son Servera.
Gabriel Mesquida, herrero, regresaba a casa en su furgoneta cuando la fuerza del agua desbordó el torrente y le impidió llegar a su destino.
Juan Grande, taxista de 62 años, murió en su vehículo cuando trasladaba al matrimonio escocés compuesto por Antoni Bernon Green y Delia Mari Green a Cala Bona. Ellos, con movilidad reducida, también perdieron la vida.
Mike y Petra Kirchner, matrimonio alemán residentes en Mallorca, murieron también en su coche. Visto el negro panorama, él pudo contactar con una amiga para alertar de su situación pero la llamada se cortó y nunca más los volvió a ver.
Andreas Körlin, alemán de 57 años residente en la isla, se dirigía a por un amigo al aeropuerto pero nunca llegó.
Tine Noig es la décima fallecida aquella noche. De ella sólo se sabe que era holandesa y tenía 81 años.
Por último, Joana Lliteras y su hijo, Arthur de siete años, perdieron la vida cuando regresaban en coche a casa junto a otra hija, Úrsula. Los tres fueron alcanzados por la riada pero la mujer consiguió sacar a la pequeña y ponerla a salvo. Un ciclista alemán -uno de los héroes de aquella jornada- la encontró y la acompañó hasta las autoridades.
Sin embargo, la madre y su hijo no sobrevivieron y sus cuerpos fueron encontrados por los servicios de Emergencias. Primero a la madre -conocida y muy querida farmacéutica de Manacor- y una semana después, a Arthur.
UNA RIADA DE SOLIDARIDAD Y CARIÑO
Y entre tanto dolor y conmoción, surgió la cara amable: la solidaridad de toda una isla, comprometida con sus vecinos del Llevant, y de centenares de efectivos de todos los cuerpos e intituciones posibles, que trabajaron día y noche para devolver la normalidad a un pueblo hundido.
Así, centenares de voluntarios se apuntaron a jornadas de limpieza de calles y casas (tantos que hubo que limitar los ofrecimientos), y entre ellos Rafa Nadal, con botas y rastrillo achicando agua como uno más.
En cuanto al dispositivo oficial, el más numeroso fue el integrado por militares -300 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) trasladados desde la Península así como los profesionales de la Comandancia General de Baleares- a los que hay que sumar los agentes de Guardia Civil, Emergencias, Ibanat, policías, bomberos, protección civil, 061, Cruz Roja, carreteras del Consell y Emaya que participaron en el operativo.
GOVERN: "QUEDAN COSAS POR HACER EN EMERGÈNCIES"
Por su parte, la consellera de Administraciones Públicas y Modernización, Isabel Castro, admite que un año después del desastre "quedan cosas por hacer" en el ámbito de emergencias, aunque reivindica el trabajo hecho en la anterior legislatura en la que el presupuesto de este departamento se subió un "24 por ciento".
Así, Castro asegura que desea un "diálogo continuo sobre emergencias también a nivel parlamentario" y explica que el Govern trabaja en la redacción de los planes de emergencias municipales (PEMUs); el estudio de causalidad vinculado a las alertas de Aemet, o el seguimiento del Plan de gestión del riesgo de inundación (PGRI), entre otras iniciativas.
Además, apunta a que actualmente trabajan en una actualización del plan especial de inundaciones, así como en un nuevo plan especial para hacer frente a los fenómenos meteorológicos adversos que permita la integración con el Plan frente a inundaciones (Inunbal).
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