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El calvario de buscar una vivienda de alquiler en Palma
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(Foto: J. Fernández Ortega)

El calvario de buscar una vivienda de alquiler en Palma

Por Joan Miquel Perpinyà
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jmperpinyamallorcadiariocom/10/10/25
sábado 06 de mayo de 2023, 05:00h

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La búsqueda de vivienda en alquiler en Palma es difícil debido a la escasez de pisos disponibles y los altos precios, lo que ha llevado a una reducción del 24 por ciento en el stock de viviendas en alquiler. Los propietarios se han puesto en manos de inmobiliarias para hacer una criba de posibles candidatos, lo que encarece la operación. Además, tener mascota reduce drásticamente las posibilidades de encontrar un piso.

El proceso de buscar una vivienda para alquilar en Palma supone una odisea de resultado incierto. Hay pocos pisos disponibles y la inmensa mayoría son muy caros. Desde Idealista y Fotocasa, los principales portales inmobiliarios, se estima que el stock de viviendas en alquiler en la capital se ha reducido un 24 por ciento, entre otras razones por el tope de la subida del precio del alquiler establecida en marzo de 2022 por el Gobierno en un dos por ciento.

David y Paula forman una pareja estable. Él tiene 49 años y ella, 37. En febrero comenzaron a buscar piso en Palma, ya que la propietaria de la vivienda que alquilaron en mayo de 2022 les comunicó que necesitaba ocupar la casa, pues se había separado. Contrariados y sin muchas ganas, pues aún no hacía un año que se habían mudado, comenzaron a buscar sin demasiada prisa, pero sin pausa, pues tenían dos meses para abandonar la casa.

En primer lugar, se dieron de alta en Idealista.com. Buscaban piso de dos habitaciones en Playa de Palma, El Arenal de Llucmajor, Es Pil·larí, S'Aranjassa, Sant Jordi, Sa Casa Blanca o Son Ferriol. Iban a intentar eludir la ciudad siempre que fuese posible.

Lo primero que constataron fue que, en tan solo un año, los precios se habían disparado alrededor de un 20 por ciento. Apenas había viviendas con un precio inferior a 1.000 euros al mes y normalmente eran apartamentos de una sola habitación, dos a lo sumo, viejos o en mal estado. Cualquier vivienda reformada o con ciertos arreglos estaba por encima de los 1.100 o 1.200 euros.

Empezaron a enviar mensajes a los anuncios que se ajustaban a sus necesidades y a lo que habían decidido que podían pagar, alrededor de los 1.000 o 1.100 euros al mes. La inmensa mayoría de los anuncios eran de inmobiliaria. Misteriosamente, de un año para otro, los pisos en alquiler directamente del propietario se habían evaporado.

La explicación plausible era que dada la gran demanda y la poca oferta, los arrendadores se ponían en manos de las inmobiliarias para enseñar sus inmuebles y hacer una criba de posibles candidatos. El hándicap es que la inmobiliaria acaba encareciendo la operación pues los honorarios los paga el inquilino, habitualmente una mensualidad más IVA.

Transcurrieron tres semanas y fueron a visitar el primer piso, una planta baja en S'Aranjassa, con tres habitaciones y un patio interior. Los propietarios vivían en el piso de arriba. Rápidamente surgió el primer gran inconveniente, la pregunta fatídica que habría de repetirse en más ocasiones: "¿tenéis mascota?" El hecho de tener mascota reduce drásticamente las posibilidades de ser arrendatarios, una dificultad a tener en cuenta que a veces, resulta insalvable. Como en esta ocasión. La chica de la inmobiliaria les dijo que no podía ser.

Una semana más tarde visitaron un piso en Can Pastilla, con vistas al mar. Renta de 1.100 euros por un sexto piso cutre, deteriorado, medio amueblado con enseres más que viejos. Lo descartaron de inmediato pese a las vistas al mar, que era lo único bueno que tenía ese inmueble.

Dos semanas más tarde, encontraron un dúplex amueblado con entrada independiente en Son Ferriol. Sin inmobiliaria. 1.100 euros al mes y dos meses de depósito que no ingresaría en el Ibavi, según les advirtió. No había ningún problema con la mascota. Lo visitaron dos veces y acordaron verse una tercera para pagar un mes de depósito y firmar el contrato. Sin embargo, el mismo día de la cita, el propietario les pidió que llevasen la perrita, de tan solo 2 kilos de peso y algo mayor, que nunca ladra. La llevaron mosqueados y tras hacerle una foto, el arrendador les dijo que lo tenía que consultar con su mujer. La mujer, según él, no quiso y la operación se fue al traste, por más que tenían unos 10 mensajes de WhatsApp confirmando que el dúplex sería para ellos.

Ellos creen que al comunicar a los otros dos candidatos que el piso era para otra persona, le ofrecerían más dinero y él aceptó.

Cuando ya empezaban a estar desanimados porque se echaba encima la Semana Santa y la escasez de inmuebles se hace más patente, vieron un anuncio en Idealista de una planta baja en Es Pil·larí, directamente del propietario, por 1.000 euros al mes y un solo mes de depósito. El propietario fue quien les escogió a ellos, ya que le cayeron bien durante las visitas y le dieron solvencia bastante en cuanto a sus ingresos, ya que trabajan ambos.

Así pues, en esta ocasión el calvario tuvo un final feliz, aunque David reconoce que la ansiedad por tener que dejar su casa y la necesidad de encontrar algo acorde a sus necesidades le causó insomnio durante más de tres semanas.

Y es que tanto la búsqueda de casa como la posterior mudanza son motivo de estrés importante para cualquier persona.

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