
La Conselleria de Salut nos tiene acostumbrados a episodios esperpénticos desde el inicio de la legislatura. La incomunicación entre sus máximos responsables ha sido notoria desde el principio, con decisiones unilaterales que luego se han tenido que rectificar, pero lo sucedido ahora con el presidente del Govern, José Ramón Bauzá, y las cifras que ha hecho públicas, ha rizado el rizo de los despropósitos y ha puesto nuevamente sobre la mesa un hecho denunciado desde hace tiempo: la incomunicación que existe entre los miembros del Ejecutivo autonómico, además de la incapacidad de reconocer los errores.
Esta historia tiene su origen en la entrevista que Bauzá concedió el pasado día 19 al programa radiofónico de Federico Jiménez Losantos, en la que afirmó que los recortes llevados a cabo por el Govern en materia sanitaria habían supuesto un ahorro mensual de 14 millones de euros, una cantidad que a priori parece muy elevada, pero que todo el mundo dio por buena y que nadie se molestó en rectificar.
No obstante, una vez transcurrido el paréntesis festivo, las reacciones empezaron a producirse en cadena. El primero, el Sindicato Médico de Baleares, que arremetió duramente contra el presidente del Govern, le expresó su estupor por esa cifra, le emplazó a que explicase a costa de qué se había conseguido ese ahorro y le dejó muy claro el deterioro que se está produciendo en la sanidad balear y cómo los recortes están repercutiendo directamente en los pacientes, pese a que hasta ahora se ha venido asegurando que no se tocarían las prestaciones y se mantendría la calidad asistencial.
Seguidamente, el PSIB emitió un comunicado público, afirmando que un ahorro de 14 millones mensuales implicaba un recorte del 12% del total del presupuesto del Ib-Salut, unas cifras que no cuadraban por ningún lado, y hacía hincapié en que la lista de espera se elevaba ya a 14.000 ciudadanos.
Al final, tuvo que salir la consellera de Salut a decir que esos 14 millones son anuales y corresponden al ahorro que supone dejar de derivar pacientes a las clínicas privadas para reducir las listas de espera. Eso sí, lo hizo sin comunicado oficial alguno, tal vez para no dejar constancia de la metedura de pata de Bauzá, que, además, atribuyó el ahorro a medidas como la supresión de las peonadas o las guardias localizadas.
Mientras tanto, el director general del Ib-Salut, Juan José Bestard, cifraba en 42 millones el ahorro conseguido entre agosto y diciembre, muy lejos de las cifras dadas por el presidente del Govern, y aseguraba que la deuda dejada por los anteriores gestores era de 600 millones, cuando el propio Bauzá aseguró en el mismo programa que ascendía a 400 millones.
Y ayer mismo, la consellera de Salut, Carmen Castro, tras su entrevista con la ministra de Sanidad, Ana Mata, aseguró que la deuda del Ib-Salut a finales del año pasado se cuantificaba aproximadamente en 400 millones de euros.
Y lo peor de todo es que este inexplicable baile de cifras entre los máximos responsables de la sanidad balear, encabezados por el presidente del Govern, ha creado todavía más malestar y preocupación entre profesionales y usuarios, por la mala imagen que se está dando en un tema tan serio y tan fundamental como es la sanidad pública.