De este modo, ni el Govern ni el ayuntamiento podrían regular la afluencia de estos buques, como piden plataformas ecologistas, vecinales y como han defendido partidos políticos como Més, con Neus Truyol al frente de la reivindicación.
Por ello, De la Encina apuesta por que sea el mismo sector el que se autorregule y no mantenga un pulso con determinadas ciudades, como Palma.
La semana pasada, la regidora de Model de Ciutat de Palma, Neus Truyol, anunciaba que el Consistorio había decidido tomar la iniciativa de convocar la comisión para limitar los cruceros ya que "la ciudad está soportando los efectos de más de dos millones de turistas al año y el centro suma la presión humana de 8.000 personas más, teniendo en cuenta que la población está cifrada en 20.000 habitantes".
"Una de cada tres personas en el casco Antiguo es un turista, algo que provoca la turistización y desplazamiento de los vecinos del centro histórico y otros barrios afectados", lamenta Truyol.
Además, desde el sector ecosoberanista aseguran que los efectos medioambientales que generan los cruceros tienen un impacto en la contaminación atmosférica --duplican las emisiones de Dióxido de Nitrógeno que genera la central de carbón des Murterar--, y cada pasajero genera 350 litros de residuos al día y generan contaminación a las aguas del mar.