Grimalt ha explicado que del estudio se extrae como conclusión principal que "no se produjo atasco alguno en el torrente sino que llovió mucho y durante mucho tiempo" y que por esto las infraestructuras se vieron superadas. "No es que se produjeran atascos, es que las infraestructuras están infradimensionadas", ha explicado para decir que "solo hubo un puente --conocido como el puente de Sa Tafona o Son Sureda-- que no fue superado por el agua".
Por otro lado, el profesor universitario ha explicado que otra de las principales conclusiones es que existen un total de 56 puntos negros inundables. Dentro de estos, hay una cuarentena que son muy peligrosos. A pesar de ello, Grimalt ha precisado que ninguna de las 13 personas fallecidas en 2018 estaba en uno de ellos.
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Ante esto, el equipo de Grimalt ha propuesto diversas propuestas como la señalización de estos puntos mediante indicaciones viales y que, además, estén recogidos en los navegadores. También considera que habría que replantear algunos puentes o elementos del terreno.
Cabe recordar que la semana pasada se dio a conocer otro estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de los departamentos de Geografía y Física de la UIB en el que se llegó a la conclusión de que la inundación no se pudo prever y que la coincidencia de factores "la hizo más trágica". Sus investigadores insisten en la necesidad de disponer de protocolos de activación de los sistemas de alerta y de protección civil que puedan hacer frente a errores de predicción en un rango de 30 a 50 kilómetros, además de llevar a cabo un trabajo de concienciación y educación de la población de cara al futuro.