Por una vez la insularidad ha jugado a nuestro favor. Balears está controlando la pandemia del Covid-19 mucho mejor que otras comunidades autónomas, aunque las cifras de fallecidos siguen poniendo la piel de gallina. 188 personas han muerto a causa del coronavirus, una cifra brutal, teniendo en cuenta que hace dos meses todos creíamos que estábamos ante una simple gripe que apenas nos iba a afectar, si es que llegaba al archipiélago. Pero acabó llegando y confinándonos en casa...
Tuvimos que cerrar puertos y aeropuertos. La temporada turística 2020 echada a perder, miles de empresas sin actividad, acogidas a ERTE y con sus empleados cobrando del SEPE. Si la crisis sanitaria ha sido criminal, lo peor está por llegar. Sin turistas no hay ingresos para sostener la economía de Balears ni de sus habitantes. Tan sencillo como eso. La recesión y el paro abocan a miles de familias a la pobreza. Los anuncios de las distintas administraciones públicas, con sus lemas estilo “no dejaremos a nadie atrás”, no sirven y son solo eso, propaganda vacía.
Son demasiadas personas buscando protegerse del diluvio bajo un paraguas (el Estado) que por más que creamos grande y por mucho que se diga que se ha ampliado en las últimas semanas gracias a las políticas progresistas de PSOE y Unidas Podemos en Madrid y de PSIB, Unidas Podemos y Més per Mallorca en Balears, no es capaz de guarecer a tanta gente. Nos pilla de improviso, sin ahorros y endeudados hasta las cejas. Solo podemos pedir socorro a la Unión Europea pero nuestros socios no están por la labor de endeudarse para salvarnos. Lo más que aceptan, por ahora, es un rescate financiero que no será incondicional. O sea, endeudarnos más aunque sea en mejores condiciones. Pero un préstamo, al fin y al cabo, que habrá que devolver algún día.
Ante esta coyuntura y con una desescalada impuesta unilateralmente por el Gobierno de España sin contar con respaldo de la mayoría del Congreso de los Diputados y sin consensuar con la oposición, hay quien insiste en los mensajes rollo coach youtuber del tipo: “saldremos adelante”, “todo esto pasará”, “juntos lo superaremos”, “ganaremos”... como si se tratara de un partido de la selección española de fútbol. Pero no hay siquiera indicios de que las cosas vayan a ir ni medio regular en los próximos meses.
¿Usted planearía ahora unas vacaciones estivales a China? Ya no le digo a Wuhan... Nadie en su sano juicio lo haría y mire que previsiblemente será una gran oportunidad de viajar barato y sin aglomeraciones. Pues lo mismo sucede aquí.
Ya podemos alardear de ser un destino seguro y colocar mamparas en hoteles y restaurantes. Nada de eso logrará salvarnos del desastre económico. Si encima de eso, algunas entidades como ARCA o la subvencionadísima Federació d'Associacions de Veïns de Palma, con saña y crueldad inexplicables, se empeñan en poner palos en las ruedas de los pocos negocios que puedan subsistir en esta coyuntura de extrema dificultad, como las terrazas, entonces la calamidad será total y absoluta. Al fin se habrá hecho realidad su sueño: Ciutat per a qui l'habita. Un desierto donde pasear tranquilamente.