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"Desde el minuto cero supe que eso de Podemos no iba a funcionar"

Por Josep Maria Aguiló
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jmaguilomallorcadiariocom/8/8/23
domingo 24 de marzo de 2019, 20:00h

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Durante años, Eberhard Grosske (Palma, 1955), fue considerado un "enfant terrible" de la política balear, incluso entre sus propios compañeros de filas. Nacido en España, de madre francesa y padre alemán, quizás por ello nunca ha tenido veleidades independentistas, si bien de joven militó en el PSM. Con posterioridad, se afilió al PCE, partido en el que ocupó cargos relevantes, al igual que en Izquierda Unida. Grosske fue consejero de Trabajo en el primer "Pacte" que hubo en el Gobierno balear, bajo la presidencia del socialista Francesc Antich (1999-2003). Asimismo, fue teniente de alcalde de Bienestar Social en el Ayuntamiento de Palma durante el mandato de la también socialista Aina Calvo (2007-2011). Tras haberse jubilado ahora laboralmente, su gran pasión está siendo la pintura. Aun así, se muestra también muy activo en las redes sociales y no ha perdido en absoluto el interés por la política.

¿Qué recuerdos guarda del primer "Pacte de Progrés"?

Intenté cuidar aquel primer "Pacte" como si fuera muy frágil, que efectivamente lo era, pero también tenía la esperanza de que pudiera continuar. De hecho, aquí en Baleares las elecciones se suelen decidir por unos centenares de votos. En la actualidad, políticamente todo está mucho más revuelto que entonces, tanto en Baleares como en el resto de España. Yo me he comprado un traje de buzo para soportar los avatares que me pueda deparar el futuro, ja, ja, ja. Hablando ahora en serio, estoy preocupado. Me provoca mucha ansiedad ver lo que hacen Quim Torra, Pablo Iglesias y algunos otros.

Usted conoce bien la izquierda, porque militó en el PSM y luego se afilió al PCE...

De hecho, el periplo no acabó allí. Me he dado de baja del PCE y me he dado de baja de Izquierda Unida, lo cual tampoco me singulariza mucho, porque todo está que revienta en el panorama de la izquierda en el conjunto del Estado. En cualquier caso, como el interés y la voluntad de participar en política aún están ahí, estaría bien encontrar algún huequecillo entre las cuatro o cinco esquirlas que seguramente se producirán después de las próximas elecciones. Aun así, no sería para volver a la primera línea política, sino para empujar en lo que yo pueda considerar la buena dirección.

Laboralmente, sí se ha jubilado...

Me jubilé hace un año. Fue una jubilación anticipada, a los 63 años, porque quería ser más feliz de lo que ya era, cosa que he conseguido de forma automática, tal como estaba previsto, ja, ja, ja. Era funcionario en el Área de Educación del Ayuntamiento de Palma. En ese sentido, como además yo tenía poca educación, era particularmente inhábil para el cargo —ríe de nuevo—. Así que cuanto antes me fuera, mejor.

Hace una década, estuvo a punto de ser el nuevo coordinador general de Izquierda Unida a nivel estatal...

Digamos que fue un mal momento que tuvo Izquierda Unida, pero que superó de inmediato, ja, ja, ja. En aquella época, había diferentes corrientes dentro de la organización. En ese contexto, en noviembre de 2008 tuvo lugar la IX Asamblea Federal para elegir a un nuevo líder, en sustitución de Gaspar Llamazares. Inicialmente, las distintas familias de la federación encontraron en mi persona una manera de sellar un acuerdo global. Mi candidatura se planteó de una forma un poco improvisada, dentro de esa misma Asamblea Federal. El día que se propuso mi nombre, me fui a la cama con la convicción de que yo sería el nuevo coordinador general. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando estaba tomando el café y los picatostes, me enteré de que no iba a ser así. La noche anterior nos habíamos ido a dormir muy tarde, pero se ve que hubo quienes se acostaron aún más tarde, que fueron quienes llegaron a un acuerdo para apoyar finalmente a Cayo Lara. Su elección se produciría en el Consejo Político celebrado en diciembre de 2008.

¿Cree que fue una buena decisión escoger finalmente a Cayo Lara?

Sí, lo fue. De hecho, lo primero que diría de él es que como coordinador general de Izquierda Unida lo hizo infinitamente mejor de lo que yo lo hubiera hecho. Por tanto, bien estuvo aquel cambio en el último momento. Por otra parte, con el tiempo le fui conociendo más, no sólo como líder de la federación, sino también personalmente. En ese sentido, creo que Cayo Lara es la persona más buena de todas las que he conocido en política. Es una persona en la que puedes confiar, completamente desapegada con respecto a los oropeles y al poder. Personalmente es un ejemplo. Tuvimos nuestras diferencias a nivel político, porque todo el mundo tiene sus diferencias, y quien diga que no las tiene, miente. Pero es una gran persona.

¿Le pareció positiva la alianza entre Podemos e Izquierda Unida en las elecciones generales de junio de 2016?

El problema no es la alianza con Podemos, aceptada por el actual coordinador federal, Alberto Garzón. A mí me parece bien que la gente se alíe en torno a un programa. Nunca he tenido ningún problema con eso. La cuestión es otra. Mire, desde el minuto cero supe que eso de Podemos no iba a funcionar. Me estoy refiriendo a los iniciales parámetros de la formación morada de que "no somos ni de derechas ni de izquierdas" y otro tipo de burradas que llegaron a pergeñar en su afán de adquirir protagonismo. En un momento dado, había un montón de gente que confiaba en Podemos, lo que pasa es que cada uno tenía una imagen de Podemos diferente. El problema, insisto, no fue la coalición. El problema fue que cuando Izquierda Unida se unió en coalición con Podemos lo hizo en una situación de subordinación.

¿De subordinación?

Sí. No hemos pintado nada en toda la legislatura y nos hemos comido todas las tonterías que se han llegado a decir y producir por parte de Podemos. Ha habido, sobre todo, falta de seriedad, y esto es lo último que se ha de perder. Tú puedes equivocarte o puedes tropezar contra una piedra porque vas distraído, todo eso es muy respetable. Ahora bien, ir cambiando en función de lo que a ti te parece que puede resultar mejor en cada momento no está bien. Hace poco más de dos años, en Podemos decían que el PSOE era lo mismo que el PP y Cs, y que se los iban a cargar a todos. Y que además lo harían solos. Pero como la vida iba siguiendo su curso, sin esperar a que se realizasen las predicciones de Podemos y de Izquierda Unida, el pasado año apoyaron la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy. Cada vez que pegas un volantazo de estos, dejas a un montón de gente en la cuneta.

¿Y qué le parece que de vez en cuando se consulte a las bases?

Mire, todo eso de la participación telemática, de la democracia del clic, es un fraude sideral. Es lo contrario de lo que se predica. Además, está bien teorizado en la ciencia política. Es lo que se llama un sistema cesarista plebiscitario. Es decir, el jefe es el que decide qué se pregunta, cuándo se pregunta y cómo se pregunta a la gente. Y la gente tiene entonces el momento de gloria de darle al clic en el ordenador. Y se acabó. Esto no tiene nada de democrático, pues democrático es que realmente se generen debates dentro de las organizaciones y que se conformen mayorías y minorías en función de esos debates. Eso es lo serio y no lo que ocurrió en la XI Asamblea de Izquierda Unida, celebrada en junio de 2016, en donde se votó a favor de la democracia participativa, cuando la verdad es que posteriormente no ha habido nada de nada de todo eso.

Le veo muy crítico con la izquierda...

Todo esto lo digo con vehemencia porque he dedicado más de treinta años de mi vida a la política y me molesta que las cosas hayan acabado tan mal. Mire, sin ir más lejos, lo que pasó en el XX Congreso del PCE, celebrado en 2017, cuando el partido dio un giro hacia el marxismo-leninismo y hacia el centralismo democrático, que significa que la dirección tiene capacidad de mandar sobre lo que tienen que hacer los afiliados. Eso es un giro completamente brutal y nos devuelve más atrás en el tiempo de lo que hizo Santiago Carrillo en 1976, cuando suprimió, no sin controversia, lo del marxismo-leninismo y el centralismo democrático para hacer un PCE más abierto. Está claro que ha habido una involución. Es imposible hacerlo peor ni infundir menos seriedad. Esto me ha puesto literalmente malo, porque se han dilapidado unas posibilidades y un capital político enormemente grande. Ahora se ve ya en las encuestas, pero mañana se verá en los votos.

¿Qué piensa del actual panorama político en España?

Todo se remueve, que por cierto es algo que está pasando también en toda Europa. Los populismos, los cambios o el fin del bipartidismo son fenómenos generales. Estamos en un momento de convulsión. En ese contexto, me preocupa la posibilidad de que pueda ganar el tripartito del PP, Cs y Vox, aunque también tengo una cierta esperanza de que no sea así. Si ese tripartito gana, esto va a tener repercusiones sobre el modelo laboral, las pensiones, la enseñanza, el medio ambiente o la inmigración. Aquí todo el mundo va a recibir. El problema de esta política conservadora tatcheriana es que está envuelta en unos discursos en los que se toma el pelo a la gente. Se miente, como se respira, con un descaro absoluto. Y eso es una desgracia democrática suplementaria. Estamos degradando el conjunto del clima político, como cuando el líder del PP, Pablo Casado, llama "felón" y "traidor" al actual presidente del Gobierno por su diálogo con la Generalitat. No es de extrañar que todo el mundo se ponga luego como una moto.

¿Qué opina, por cierto, del denominado "procés"?

Creo que es un error capital. Ahora que estoy más activo en las redes sociales, me doy cuenta de que no puedes hablar del "procés" con los independentistas. Tienen un discurso completamente cerrado y son inasequibles a cualquier tipo de razonamiento que no esté en la misma línea de ese discurso. En una parte de la izquierda, la más sectaria, pasa también un poco lo mismo. Todo son quimeras. Como cuando dicen "vamos a acabar con la Monarquía" y con no sé quién y con no sé cuántos. Deberían saber que hay siempre una cuestión previa elemental en política, que se llama correlación de fuerzas. Los aficionados al ajedrez seguro que lo entenderán muy bien. No puedes decir "me voy a comer aquella torre" e ir como un loco detrás de esa torre, porque duras cinco segundos en la partida. Tienes que saber qué fuerzas tienes y qué estrategia tiene el otro, para a partir de ahí buscar el camino que deseas seguir.

¿Ve factible la posible independencia de Cataluña?

La verdad es que no. Además de lo que le he comentado, pienso también que lo del "procés" es una tomadura de pelo sideral. Ahora mismo, empiezo a dudar ya de si lo que empezó siendo una tomadura de pelo, se lo han acabado creyendo, por un mecanismo que ya sería más mental que otra cosa, por decirlo suavemente. No se dan las condiciones necesarias para que tú te enfrentes al resto del Estado, vulneres la Constitución y consigas la independencia. Los independentistas están generando hoy un clima emocional que al final será sólo de frustración, porque es una huida hacia adelante. El "procés" no va a funcionar, tendrían que reconocerlo y ya está. No pasa nada. Pero vivimos instalados en el despropósito. Ahora, todo desafuero tiene su asiento. Y eso es una barbaridad. En el ambiente emocional en el que nos movemos, la gente lo quiere liquidar todo, a hostias y prescindiendo del otro. Las cosas nunca deberían hacerse así, pero ya no por respeto democrático al otro, que también, sino por sentido común.

La ironía que a menudo le acompaña, ¿es un rasgo de carácter?

En parte tiene que ver con el carácter, sí. Ahora mismo, estoy haciendo una entrevista impresentable, ja, ja, ja, hablando como si estuviéramos en un café. Tendría que haberme comedido un poco. Todo lo que digo, lo pienso, pero la prudencia más elemental invitaría a decirlo de otra manera y no pisar tantos callos. Pero eso nunca lo he sabido hacer. Por otra parte, cuando me estrené en la política institucional, el entonces presidente del Govern, Gabriel Cañellas, tuvo que dimitir a raíz de la querella que le pusimos por el tema del túnel de Sóller. Eso me convirtió en una pieza codiciada para el PP y a mí naturalmente me endureció, en el sentido de que si había que zurrar la badana, nos poníamos todos. Y a partir de ahí todo se vició un poco. Pero en cualquier caso, como le he dicho, reconozco que soy una persona poco prudente. Digo siempre lo que pienso, aunque a lo mejor estoy equivocado en todo.

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