El aire es denso en la teulera Can Benito. Un aroma terroso impregna el ambiente mientras el calor de los hornos se siente en cada rincón de la empresa industrial. A primera vista, la fábrica respira vida, artesanos trabajan con manos expertas, perfilando la arcilla en un proceso que ha permanecido inmutable durante generaciones y extrayendo tejas de sus hornos.
"En menos de cinco años, la teja mallorquina podría desaparecer para siempre"

Sin embargo, bajo esa apariencia de rutina, se esconde una realidad desoladora. “En menos de cinco años, la teja mallorquina podría desaparecer para siempre” explica Miquel Torres, dueño de la empresa mallorquina.
Torres, presidente también de la Associació de Teuleres de Mallorca, abre las puertas de su fábrica a mallorcadiario.com con un gesto serio y cansado, pero amable. "Lo que ves aquí podría convertirse en historia muy pronto", dice mientras esboza una sonrisa nerviosa y se adentra en las salas de decoración manual, donde las manos expertas de sus empleadas pintan con delicadeza cada pieza extraída tras el barnizado y perpetuando una tradición de productos históricos de las islas.

La belleza del proceso contrasta con la amenaza que se cierne sobre ellos. Las canteras de la isla han dejado de producir arcilla, un material que ahora se considera poco rentable para extraer. Las reservas actuales de las canteras que suministran a Can Benito apenas les permitirán sobrevivir cinco años más. "No tenemos protección ni apoyo institucional. Y sin arcilla, nuestra historia termina aquí", lamenta Torres.
"Sin nuestras tejas, muchos edificios históricos perderán su esencia y autenticidad"
Recorriendo el almacén donde se apilan tejas y otros productos listos para la cocción se puede percibir la sensación de que sin una solución inmediata, la historia de la teja mallorquina llega a su fin. Cada pieza parece contener la memoria de siglos de construcción en Mallorca. Numerosos son los tejados de casas de pueblo, grandes fincas históricas o complejas restauraciones de edificios emblemáticos que cuentan con este producto mallorquín. "Hay demanda, pero paradójicamente la materia prima escasea", explica Torres.
Arquitectos y restauradores buscan estos materiales tradicionales para proyectos que requieren autenticidad. "Sin nuestras tejas, muchos edificios históricos perderán su esencia y autenticidad", añade Torres.
EL FUEGO DE LOS HORNOS SE APAGA

El sonido chispeante de la madera se funde con las llamas que mantienen el calor de los hornos. Torres los mira con admiración y tristeza como si sus ojos pudieran ver ya el momento en el que ya no los pueda encender más. El corazón ardiente de esta histórica fábrica mallorquina parece apagarse paulatinamente, esperando a que alguien cambie su destino. “Necesitamos ayuda de la planta política, pero aunque escuchan, no dan soluciones” asegura el presidente de la asociación.
"En las últimas dos décadas, el número de teuleres ha pasado de 25 a solo 3"
Una situación que no solo vive esta empresa, también las otras dos teuleres que quedan en Mallorca. “De 25 empresarios que creamos la asociación solo quedamos tres” explica Torres.
Estos materiales elaborados por arcilla reciben en los hornos el calor del fuego durante 48 horas de fuego ininterrumpido, alimentados por biocombustibles sostenibles: cáscaras de nuez, restos de pinares, alcornoques y olivos. "No somos una industria contaminante. Somos sostenibles desde antes de que se pusiera de moda", comenta.
A pesar de este compromiso con el medioambiente, la burocracia pone trabas a la extracción de arcilla en Mallorca. "Nos dicen que una cantera daña el paisaje, pero lo que realmente lo dañará es la desaparición de este oficio", advierte Torres. Sin materia prima local, la única opción sería importarla, lo que encarecería el producto hasta hacerlo inviable. "Si tenemos que comprar arcilla fuera, nos veremos obligados a cerrar", sentencia.

EL EPÍLOGO DE UNA INDUSTRIA
"No podemos importar arcilla porque nos arruinaría"
El recorrido finaliza junto a estos hornos y la zona de embalaje. Las tejas, recién horneadas y descansadas, son cuidadosamente apiladas, listas para su envío. Pero la incertidumbre es palpable. "Tenemos empleados que les gustaría continuar con la fábrica, pero la inseguridad hace que yo no quiera generarles ese problema y que el cierre cada vez sea más próximo", confiesa Torres.
La Federación de la Pequeña y Mediana Empresa de Mallorca (PIMEM) ya ha dado la voz de alarma. "Hace dos décadas había 25 teuleres en la isla. Hoy quedan solo tres", recuerda Jordi Mora, presidente de la federación. “Si no se toman medidas urgentes, pronto no quedará ninguna”. PIMEM propone incentivos fiscales y ayudas para modernizar las teuleres sin perder su esencia artesanal.
Torres ha llevado su lucha hasta las instituciones, reclamando un sello de protección para la teja mallorquina y la reapertura de canteras. "El problema no es de recursos, es de voluntad política. Si nos dejan extraer arcilla, y favorecen a su producción, podríamos seguir al menos una década más", afirma.

"Hay productos cerámicos en Mallorca que solo nosotros podemos hacer"
Torres ha llevado su lucha hasta las instituciones, reclamando un sello de protección para la teja mallorquina y la reapertura de canteras. "El problema no es de recursos, es de voluntad política. Si nos dejan extraer arcilla, y favorecen a su producción, podríamos seguir al menos una década más", afirma. Pero hasta ahora, las respuestas han sido vagas. "Nos escuchan, pero no actúan. Y el tiempo se nos agota", insiste Torres.
El destino de la teja mallorquina está en manos de la administración. Si no se toman decisiones pronto, este viaje por la teulera podría ser el último. "Hay productos cerámicos en Mallorca que solo nosotros podemos hacer" asegura Torres. Lo que hoy es un testimonio vivo de la historia y la identidad arquitectónica de Mallorca, mañana podría ser solo un recuerdo sepultado bajo el polvo del olvido.
