El Gobierno volverá a reunir a los presidentes autonómicos el próximo día 26 con la novedad, en esta ocasión, de la presencia de Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en la reunión. La líder europea podrá asistir así al debate sobre los proyectos que España piensa acometer con los 140.000 millones de euros que le corresponden del Fondo de Recuperación de la Unión Europea para los próximos seis años.
La presencia de Von der Leyen es una formalidad, pero debería servir para evidenciar la situación de clara desventaja con la que enfrenta Baleares la crisis económica derivada de la situación sanitaria. La comunidad balear tiene la peor financiación en el peor momento. El Fondo de Recuperación tiene unos criterios acordados para el reparto entre comunidades y, a todas luces, resultará insuficiente para mantener a flote la economía de las Islas, que deben presionar ante el Gobierno central para obtener más recursos.
El récord de paro, el hundimiento del comercio, la crisis de la hostelería o la paralización del turismo deben bastar como argumentos para que Govern y agentes sociales exijan a la Administración central una solución para Baleares. Se hizo la pasada semana con motivo de la prórroga de los ERTEs y no hay razón para que no se pueda seguir insistiendo hasta lograr el salvavidas que la economía de las Islas necesita.
Canarias ya tiene sus corredores turísticos con TUI -allí, por clima, comienza la temporada alta- mientras que aquí se da el año por perdido y se cruzan los dedos para la ciencia halle una vacuna que permita una actividad normal en 2021. La situación no debería confiarse sólo a un eventual éxito de la ciencia, sino que habría que disponer ya de recursos suficientes que garanticen la pervivencia del tejido económico balear.
El escaso peso político de Baleares en términos nacionales no ayuda en la consecución de este objetivo. Está por ver la presencia de las Islas en las cuentas que el Gobierno central prepara para el 2021 -con escasa esperanza de que se incluya un régimen fiscal satisfactorio-, pero la solidaridad manifiesta que, gracias al turismo, desempeñó Baleares con el conjunto del Estado en la anterior crisis del 2008, debería verse correspondida ahora. Una sociedad emprendedora y dinámica como la balear no debería ser víctima de la crisis por una acción insuficiente de quienes tienen la responsabilidad de liderarla, aquí y en Madrid.