Hace falta torpeza o un elevado grado de perfidia —o ambas cosas a la vez— para poner a Valtònyc, un delincuente convicto, confeso y fugado para no cumplir su condena, a promocionar algo. Más aún cuando él no hace lo que la campaña de Unió de Pagesos de Mallorca anima a hacer, que es permanecer en casa (él lleva ya algunos años fuera y no muestra intención alguna de regresar); ni tampoco consume productos del campo mallorquín, pues estando en Bélgica debe ser bastante difícil conseguirlos.
Si alguien pensó en él para promocionar los productos de la terra no fue por ser un “artista” destacado y de reconocido talento, ni tampoco por sus valores cívicos, éticos y morales, ni por su contribución a la sociedad mallorquina. Nada de eso.
Si se pensó en él fue por su ideología política, por ser independentista catalanista, orillando su comportamiento fascistoide, agresivo y antidemocrático, propio de un matón de barrio. Los ejemplos de ello abundan y no es plan relatar aquí su trayectoria político-delincuencial porque además le supondría un motivo de orgullo. Sin embargo, conviene recordar que este dechado de virtudes, a decir de tantos internautas, fue condenado no solo por injurias a la corona —como se hartan de decir su cuadrilla de defensores, casi todos enmascarados y protegidos en el anonimato—, sino por amenazas de muerte y aún peor, enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas.
Antes de huir, este odiador de manual cometió otros actos no sé si peores pero igual de execrables, como animar a matar guardias civiles y a ponerle una bomba al fiscal. Y eso no lo hizo cantando ni rapeando, por más que ahora diga que estaba haciendo una 'performance' sobre el escenario, sino fruto de su odio visceral hacia todo el que no piensa como él, como buen fascista que es.
Si con este currículum que les he relatado alguien pensó en él para promocionar algo, fue solo por una cosa. Llevamos 30 días de confinamiento bajo el estado de alarma. Durante este largo mes los independentistas apenas han tenido motivos para abrir la boca, entre otras cosas porque nadie les escucha. Casi todo el mundo está más preocupado en otras cosas realmente importantes. Pero eso algunos lo llevan fatal, porque es muy duro pasar de casi monopolizar el debate político nacional a desaparecer de la escena por completo.
¿Cómo romper esa dinámica? Utilizando una campaña de Unió de Pagesos, por otra parte muy conveniente y necesaria, a la que nadie se opondría y que la mayoría de nosotros aplaudiríamos siempre que algún desalmado no pretendiese, como se ha pretendido, politizarla. Porque esto es lo que ha ocurrido, que algún cobarde ha tratado de utilizar a Unió de Pagesos para hacer política de la peor a favor del independentismo, metiendo a Valtònyc en la campaña de promoción. Es a esa persona a quien hay que responsabilizar del fracaso cosechado, no a toda la gente que manifestó su incredulidad primero y su rechazo después.
El lince que propuso a Valtònyc debería dar la cara públicamente y explicar por qué lo hizo, si es que puede. No se preocupen, no lo hará. Prefiere cobardemente parapetarse tras la organización agraria y que sea Unió de Pagesos quien sufra el desgaste de su burda maniobra política. Pero la campaña ya se la pueden comer con patató. De aquí, por supuesto.