Siempre es una buena noticia que bajen los impuestos, aunque sea una decisión que el Gobierno podría haber adoptado hace meses. El ejecutivo de Pedro Sánchez aprobó este martes, en el último Consejo de Ministros del año, un nuevo paquete de ayudas para hacer frente a la fuerte inflación y a la crisis energética, que incluye, entre otras cosas, una bajada del IVA para productos de alimentación.
Esta bajada del IVA en productos básicos de la cesta de la compra es probablemente la medida más novedosa, toda vez que el propio Gobierno había estado rechazando tal decisión durante meses calificándola de populista. Ahora, el Ejecutivo rebajará del 4 al 0 por ciento el IVA de los alimentos de primera necesidad -pan, verduras, quesos, huevos...- y del 10 al 5 por ciento otros alimentos también importantes en la compra doméstica como el aceite y la pasta. Carne y pescado no registran variación.
Otra de las medidas destacadas es la de un bono de 200 euros para gastos comunes que podrán solicitar las familias con rentas anuales inferiores a 27.000 euros y un patrimonio que no supere los 75.000 euros. También habrá ayudas al transporte publico y al consumo de energía, así como una congelación del precio de aquellos alquileres que deban renovarse durante los próximos seis meses.
El plan se dirige a los más vulnerables y quizá por ello el aspecto negativo es el final de la bonificación de 20 céntimos por litro de gasolina que beneficiaba a todos los consumidores, independientemente de su renta. Desde enero, no se aplicará este descuento en las gasolineras y tan sólo se mantendrá para colectivos profesionales como los transportistas, los agricultores, navieras y pescadores.
El propio Sánchez cifra en 45.000 millones de euros el coste total de las medidas incluidas en este nuevo plan anticrisis, no sin que se pueda separar del ciclo electoral que ahora comienza y cuyas citas -en mayo y diciembre- seguro que han pesado a la hora de adoptar tales decisiones. En todo caso, el dinero fluirá hacia los más necesitados o quedará directamente en los bolsillos de todos los consumidores que ahora tienen que soportar incrementos de precios en los alimentos que alcanzan el 15,3 por ciento -muy por encima del 6,8 con que cerró el IPC en noviembre-. Aliviar esta carga era de justicia y, aunque llegue tarde, cabe confiar en que resolverá los problemas de muchas economías domésticas.
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