Marion Wilson, de 42 años, había sido condenado por el asesinato de un guardia de seguridad. Con él ya son 1.500 personas las que han sido ejecutados desde que la pena de muerte fuera restaurada en Estados Unidos en 1976.
Una inyección letal ha acabado con la vida de Wilson a las 9.52 de la noche (hora loca) en una prisión de Jackson después de reiterar que era inocente y que no había matado a nadie.