La propuesta del Govern para flexibilizar el horario de las terrazas de bares y restaurantes supone un alivio al sector -muy castigado por las restricciones decretadas ante la pandemia-, aunque sigue sin dar solución a todos los establecimientos que no tienen posibilidad de instalar mesas en la calle. Los datos epidemiológicos -superado con éxito el periodo de Semana Santa que provocaba un gran temor por el riesgo de nuevos contagios- mejoran en las Islas, a pesar de lo cual el Govern mantiene un alto nivel de prudencia y apuesta por una desescalada muy lenta que no comprometa la temporada de verano.
El Govern propone retrasar el toque de queda una hora, que las terrazas puedan ocuparse al cien por cien del aforo y que, además del horario actual, puedan prestar servicio en la franja comprendida entre las siete de la tarde y las nueve y media de la noche. El plan complica cualquier organización de horarios laborales en las empresas, pero se pretende a toda costa evitar el "tardeo" y, a la vez, que se pueda abrir un horario para cenas. El sector ha recibido la propuesta con una satisfacción contenida, porque, por una parte, se atiende a una reclamación que han venido realizando desde hace semanas -la posibilidad de dar cenas-, pero se niega cualquier actividad a todos aquellos locales que no tienen terraza, ni posibilidades de instalarla.
El miedo a los contagios en interiores por su consideración de lugares "de alto riesgo" condiciona estas decisiones, tal y como adelantó en mallorcadiario.com la asesora del Govern para la desescalada, Margalida Frontera. De momento no se ha establecido una casuística que permitiera la apertura de los interiores con aforos reducidos, reservas previas o sometidos a unas obligadas condiciones de ventilación, como reclaman las asociaciones del sector. Al contrario, la negativa es absoluta y de momento no se prevé un alivio de estas restricciones, lo que se traduce en locales cerrados durante meses y la imposibilidad de hacer planes a corto plazo.
Los cálculos del sector estiman que el 40 por ciento de los negocios de hostelería de las Islas han cerrado desde el inicio de la pandemia, con unas pérdidas en la facturación que alcanzan el 80 por ciento y con una reducción del empleo en el sector del orden del 30 por ciento, pese al "dopaje" que representan los expedientes de regulación temporal de empleo. Es una situación que debe ser tenida en cuenta de cara a la modulación de las restricciones. Aunque la protección sanitaria sea prioritaria, el resto de condicionantes también deben ser considerados.