La Fundación Sant Joan de Déu Serveis Socials Mallorca acoge en sus instalaciones a familias que atraviesan por el amargo trago de verse en la calle con menores a cargo. Un momento extremadamente delicado en el que, además de un techo, la orden hospitalaria les ofrece apoyo psicológico y educativo. El objetivo último es ayudarles a afrontar una situación de exclusión social en la que los excesivos precios de la vivienda en la isla tienen un papel protagonista.
La directora de la Fundación, Inmaculada Iglesias, ha explicado a mallorcadiario.com que desde su creación en 2015, esta entidad ha atendido a 628 familias que en el 70 por ciento de los casos se encuentran en exclusión social por no poder pagar una vivienda. Apuesta por dar visibilidad a un problema que a menudo pasa desapercibido para la sociedad, que puede colaborar con la organización participando en iniciativas como la Magic Line, una caminata solidaria que el próximo 17 de marzo celebrará su octava edición en Mallorca. Iglesias alerta de que cada vez son más las familias que reciben que cuenta con dos progenitores y que al menos uno de ellos tiene trabajo, a pesar de lo cual no consiguen cubrir sus necesidades básicas.
- ¿Han cambiado mucho en los últimos años los perfiles de las familias que atienden?
Inmaculada Iglesias: Sí, los perfiles han variado, sobre todo en los últimos años y de manera más alarmante en este último año. Estamos observando una tendencia a que ingresen familias biparentales, las que tienen a los dos progenitores. En 2021 esas familias representaban el 23 por ciento, pero en 2023 han llegado al 47 por ciento. Y también observamos preocupados que ingresan en el centro con ingresos, es decir, con una ocupación laboral. En este último año, el 28 por ciento de las familias tenían al menos uno de los progenitores con trabajo, mientras que el año anterior era el 9 por ciento. Esto es alarmante porque implica que aunque quizás haya más trabajo, sigue siendo muy precario y no da para mantener un alquiler a los precios que a los está hoy en día en nuestro territorio.

- ¿Y de qué origen son estas personas?
I.I.: Casi el 60 por ciento de las personas atendidas proceden de Sudamérica, y sobre todo en el último año de Colombia. Son familias que vienen aquí porque tienen algún contacto en la isla que les asegura que aquí tienen posibilidades de trabajo, pero cuando llevan unos meses aquí en casas de esos familiares o amigos, les dicen que tienen que salir de ella, pero no tienen nada, porque vienen con poco o nada de dinero. Es el perfil que más estamos atendiendo últimamente. Pero también hay familias de Mallorca. Son las menos, pero existen. Es un tema bastante desconocido, sobre todo en los casos de familias con niños, se habla poco de ello.
"El 70 por ciento de las familias que han venido al centro este año lo han hecho por no poder asumir los gastos del alquiler"
- ¿Cuáles consideran que son los factores que más empujan a las familias a la exclusión social: falta de empleo, salarios bajos, alto precio de vivienda...?
I.I.: Al final yo creo que es un cúmulo de cosas. Pero desde mi punto de vista, por lo que he podido observar, el precio de la vivienda es el principal, es el factor que más impulsa a las familias a encontrarse en una situación de exclusión residencial. Los precios son inalcanzables. El 70 por ciento de las familias que han entrado en el centro este año lo han hecho porque no podían asumir los gastos del alquiler. Ahora tener un empleo no es garantía de poder tener una vida digna ni de tener un hogar. Por tanto, yo recalcaría esa alarma o urgencia social, estamos ahora mismo viendo la vivienda como si fuera un lujo, cuando es un derecho. Y estamos normalizando situaciones que no deberían ser normales, como que las familias vivan hacinadas en pisos. Solo el 16 por ciento de las personas que salen de aquí van a pisos, el resto comparten piso con otras familias, es decir, que cada familia tiene solo una habitación, lo que supone que viven hacinadas. Son situaciones que no querríamos para nosotros mismos, pero que estamos permitiendo que pasen y normalizando, que es lo más preocupante.
- ¿Qué opina sobre la posibilidad que a veces se apunta de limitar los precios del alquiler?
I.I.: Nosotros no nos metemos en política. La ley de la oferta y la demanda es la que es y todo es muy legítimo. Por lo que yo sí abogaría es por desarrollar en mayor medida políticas sociales que impulsen la creación de vivienda pública. Que haya más vivienda pública a un precio asequible. Estamos a la cola respecto al resto de países de Europa, tenemos un parque de vivienda pública del 2 por ciento y esto al final genera estas situaciones. Lo demás les toca pensarlo a los políticos. Las entidades sociales tenemos corresponsabilidad para dar apoyo a una realidad de exclusión social que está creciendo.
- Qué hace la mayoría de familias cuando sale del centro, ¿cambia de lugar de residencia?
I.I.: La mayoría se quedan en la isla. Tal vez algunos se van a la península o retornan a sus países, pero generalmente se quedan. Yo creo que cuando tomas una decisión tan importante que supone un desarraigo tan brutal y un duelo tan extremo como es dejar tu país y dejarlo allí todo, normalmente no vuelven, porque lo que tienen allí quizás sea mucho peor.
"La mayoría de familias vienen de Palma, tal vez en los pueblos hay más red social"
- ¿A su centro vienen más personas que residen en Palma o en la Part Forana?
I.I.: La mayoría de las familias procedente de Palma, aunque sí hay algunos casos de familias que han perdido su hogar en los pueblos. Pero tal vez en los pueblos, al ser más pequeños, quizá pueden genera un poco más de red social, pero la mayoría vienen de Palma.
- ¿En qué empleos suelen conseguir los empleos las personas que salen de aquí?
I.I.: Básicamente en hostelería y en construcción, pero muchos de ellos lo hacen en la economía sumergida porque están en situación de irregularidad, por tanto se buscan la vida y van ahorrando hasta que pueden regularizar su situación. Muchos de ellos son también demandantes de asilo político y tienen un plazo de dos años aproximadamente para arreglar su situación, pero en la mayoría de los casos no se resuelve de forma favorable para ellos y después de ese tiempo siguen en situación irregular. Lo tienen muy complicado, pero a pesar de ello siempre se muestran muy agradecidos.
- ¿Qué atención psicológica les ofrecen, especialmente a los que proceden de zonas en conflicto?
I.I.: Contamos con dos psicólogas que trabajan atendiendo a las familias. Puede darse algún caso extremo que haya vivido traumas, pero al no ofrecer una atención psicológica especializada en tratamiento del trauma, si lo detectamos lo derivamos a los recursos especializados de la red pública. Aquí lo que tratamos fundamentalmente son situaciones de desesperanza, depresión, tristeza, ansiedad e inestabilidad emocional. Sobre todo por parte de los adultos, que ven truncado su proyecto de vida. Pero también por parte de los menores, porque muchos de ellos no entienden lo que está pasando. Trabajamos mucho el reconocimiento de las emociones y una autorregulación de las emociones, porque muchos padres tampoco saben explicar a sus hijos qué es lo que ha pasado y por qué se encuentran en esta situación. Lo más importante en esos casos es que la familia esté unida, que no se separe nunca por una cuestión económica. Algo que también hemos detectado, especialmente en los adolescentes, es un problema de soledad.
"Generalmente vinculamos la soledad a los mayores, pero los adolescentes también la sufren"

- Claro, para ellos debe ser algo muy duro.
I.I.: Sí. Generalmente hablamos de la soledad vinculada a los mayores, como una pandemia silenciosa. Pero la adolescencia es un momento de por sí complejo, por lo que pasar por una situación de pérdida del hogar, de tener que vivir en un centro y tener que comentarlo con los amigos, eso genera mucho malestar, sufrimiento y desgaste emocional, que también es recogido por las psicólogas que trabajan aquí. De hecho, estamos trabajando para poner en marcha un programa para paliar la soledad de los jóvenes, acompañarles de una manera más individualizada para conseguir una inclusión comunitaria.
Yo empatizo mucho con los adolescentes cuando entran aquí con toda su vida en unas bolsas y una tele o un móvil. Los niños pequeños están con los padres y, de alguna manera, si los padres mantienen la tranquilidad, les basta con eso. Además, muchas veces son los adolescentes los que sostienen a los adultos que se han quebrado y adoptan por ello roles muy parentalizados. Hay mucho sufrimiento y a veces no se expresa directamente. A veces hay conductas disruptivas porque tienen mucho malestar y aquí intentamos recoger eso. El nuestro es un centro temporal, así que intentamos derivarles a recursos más especializados en el ámbito público, pero siempre dejamos la puerta abierta para que, si se han sentido bien, puedan volver en algún momento.
"Hay muchas familias en la cuerda floja, por eso hay que facilitar el acceso a la vivienda"
- ¿Qué le pedirían al nuevo gobierno de Baleares?
I.I.: Bueno, a nosotros nos toca como fundación trabajar en la acogida de personas y familias vulnerables, así que a ellos les pediría que centren sus esfuerzos y sus sensibilidades en facilitar el acceso a la vivienda para los colectivos especialmente vulnerables. Si ya es difícil para todos, lo es especialmente para personas vulnerables, que no tienen recursos ni familia. Les cuesta muchísimo llegar a fin de mes y tienen que hacer encaje de bolillos para pagar el alquiler. Hay muchas familias en la cuerda floja. Las familias que nos llegan a nosotros ya se han caído de esa cuerda, pero sigue habiendo muchas en ella, por eso hay que facilitar el acceso a la vivienda, que es un problema de urgencia social extrema en nuestro territorio.
