La Policía Nacional no descarta nuevas detenciones en la llamada operación “Atila” contra el narcotráfico. La primera fase se ha desarrollado este lunes cuando más de un centenar de agentes se han adentrado en el barrio palmesano de La Soledad. La redada se ha producido en las calles Randa y Teix, especialmente en esta última. Tras once registros se han producido seis detenciones, cinco hombres y una mujer.
En los registros se ha intervenido; 70 gramos de cocaína, incluido 40 papelinas de cocaína; 540 gramos de marihuana; siete gramos de hachís; 2.800 euros; 225 plantas; dos tanitas y además una pistola simulada, una daga, lámparas, macetas, siete aparatos de aire acondicionado y diverso material de cultivo.
En la operación han participado agentes de la Policía Judicial, unidades caninas, apoyo aéreo de un helicóptero, Policía Científica, efectivos especializados en actuaciones en el subsuelo, el Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT), y la Unidad de Prevención y Reacción (UPR).
Esta nueva operación contra el narcotráfico se suma a otra desarrollada el pasado junio, en la que la Policía Nacional desarticuló una banda de narcotraficantes dirigida por nigerianos, que abastecía de droga, a Son Banya y puntos ubicados en el Polígono de Levante, en la que también hubo registros en zonas del barrio de Son Gotleu, Parque de las Estaciones, la Soledad y en el Fortí.
La operación Atila se ha centrado en la estructura del clan del Pablo que aún resiste en La Soledad. El Pablo cumple condena de cuatro años y medio por narcotráfico junto a un nutrido grupo de colaboradores de su entramado criminal.
Una treintena de los acusados dentro del juicio al clan de El Pablo aceptaron a finales del año pasado un acuerdo de conformidad por el cual se han rebajado sus penas. Así, el cabecilla del clan, Pablo Campos Maya, más conocido como el Pablo, llegó a un acuerdo para aceptar los hechos y aceptar una pena de cárcel de cuatro años y medio en vez de los siete que se le pedía inicialmente.
La Fiscalía consideró que parte de los acusados funcionaron, al menos desde agosto de 2014 a septiembre de 2015, como una estructura organizada cuya finalidad era el "lucro proveniente de la difusión de sustancias estupefacientes -marihuana y cocaína- a terceras personas".
Así, considera que la agrupación estaba dirigida por El Pablo, "bajo cuyas órdenes se encuentran todos los demás y que es el principal beneficiario de las ventas de estupefacientes" lo que le permitió "irse haciendo progresivamente con la práctica totalidad de las propiedades en varias calles de la Soledad".
Según se explicó, en estas calles tenía instalados puntos de venta de drogas, normalmente regentados por familiares suyos, con lo que creó una zona "prácticamente impermeable a la investigación policial" debido a que cualquiera que pasara por esas calles -especialmente la calle Teix- y que "no fuera del grupo o cliente era inmediatamente detectado".