Estos días leía algunos excelentes reportajes de cómo las 'troikas' de funcionarios europeos (léase alemanes, con algún intruso finés u holandés) van a los países intervenidos e imponen sus normas manu militari (militari quiere decir que tienen el talonario, el arma más mortífera). El caso más llamativo es el de Grecia, por supuesto, para quien el ministro de finanzas alemán propuso que funcionarios de su país se hagan cargo de lo que aquí sería la Agencia Tributaria, afirmando que con que sólo los contribuyentes pagaran lo que está establecido, la deuda se reduciría en una décima parte; no digamos si hubiera inspecciones. ¿Se imaginan a alemanes en Cecilio Metelo?
En Portugal, la 'troika', que ya no se conforma con lo que les dicen, pide las cuentas de todos los organismos públicos y opinan sobre cada concepto. Ahora le ha tocado el turno a las empresas de transporte de la ciudad de Lisboa que, como se imaginan, nunca hicieron un número para saber la relación entre gastos e ingresos, porque también allí creían que aquello no lo pagaría nunca nadie.
Ustedes verán: comento esto porque en otro reportaje leía que en uno o dos años nos arrepentiremos no sólo del tiempo en que Zapatero estuvo negando la evidencia, sino también del precio que habrá tenido retrasar los ajustes para que Arenas sea presidente de Andalucía.