Anteayer parece que los tres partidos que sobreviven en Grecia llegaron a un acuerdo para apretar el cinturón de su país hasta niveles que son casi de estrangulamiento. Dicen que en el último momento se negaron a reducir las pensiones aún más, por lo que no saben si Europa aceptará finalmente la respuesta griega. Esta madrugada se supo que el Eurogrupo ha vuelto a negarse a dar el dinero a Grecia, diciendo que no quiere acuerdos sino decisiones y que ahora espera que las medidas se pongan en marcha.
Ayer mismo, se publicaban los datos de la crisis económica griega: caídas constantes del PIB, pérdida de empleo, reducción de la actividad, merma en los impuestos. Una espiral negativa que, por supuesto, estas medidas presentadas a Europa no van a paliar.
Mientras esto ocurre en el otro extremo del Mediterráneo, hoy aquí nos va a presentar otra reforma laboral que va a introducirnos de lleno en el camino griego: una espiral cuyo final no conoce nadie.
España, por supuesto, tiene que poner orden en sus cuentas, pero aquí parece que nadie nos va a ofrecer complementariamente un plan de revitalización de la economía, de relanzamiento. Mientras sólo pensemos en recortes, por muy necesarios que sean, iremos tras Grecia.