2020 llega con muchas asignaturas pendientes que no se han resuelto a lo largo del año que ahora acaba. La más determinante -sobre la que dependen, además, otros muchos asuntos que deben hallar respuesta durante este año- es la necesidad de alcanzar una estabilidad política que permita avanzar al país. Tras el fracaso de la legislatura surgida de las urnas el pasado mes de abril, con una nueva investidura fallida de Pedro Sánchez, las elecciones de noviembre han dejado un escenario del que probablemente surga el primer gobierno de coalición de la reciente historia de España.
Sánchez se enfrenta a su investidura de la mano de Podemos y con el apoyo de un abanico parlamentario que abarcará partidos de izquierda, regionalistas, nacionalistas vascos y, presumiblemente, los independentistas catalanes representados por Esquerra Republicana. Sánchez ya recibió el encargo del Rey de buscar una mayoría suficiente y en esa tarea se afanan estos días el PSOE y los partidos elegidos por los socialistas para conformar esa mayoría.
Que haya un gobierno en Madrid debería servir para llevar estabilidad a las instituciones y a la administración en general. Los retos inminentes con que se enfrentará el nuevo ejecutivo de coalición serán, sobre todo, la desaceleración de la economía y la crisis de Cataluña. Ambos asuntos requieren grandes dosis de política sin abandonar, en el primer caso, la ortodoxia que marca la Unión Europea, y el marco constitucional, en el segundo.
En lo económico, unos nuevos Presupuestos Generales deben permitir aumentar la competitividad, sin actuaciones populistas que ahonden en el enfriamiento y castiguen a quienes generan el empleo. De la misma manera, la crisis territorial debe encauzarse con mucho más diálogo entre los actores implicados, empezando por los partidos representados en el Parlament de Catalunya y por la propia sociedad catalana. Pensar que solo representan a toda Cataluña aquellos de quienes se necesitan ahora los votos no solo no solucionaría el problema sino que llevaría en el futuro a mayores tensiones y agravios en otros territorios.
En clave local, un gobierno en Madrid debe permitir que se desbloqueen asuntos de gran importancia que se han pasado todo el 2019 en el cajón. Debe solucionarse la deficitaria financiación de la comunidad de la misma manera que debe aprobarse el régimen fiscal que compense la insularidad. No habría excusa y sería un tremendo agravio que no se solucionaran ambos asuntos a la mayor brevedad, especialmente cuando existirá una coincidencia política de PSOE-Podemos en los dos ejecutivos de Baleares y de Madrid.
Y si de asignaturas pendientes hablamos, no se pueden olvidar asuntos como las agresiones a las mujeres -que siguen arrojando cifras vergonzantes a pesar de las múltiples campañas y la extensión de una mayor conciencia social sobre el tema- o el compromiso medioambiental sobre el que deben producirse mayores avances. Son asuntos que requieren política, pero también educación y valores que deben promoverse por parte de aquellos que tendrán la responsabilidad de gobernar el país en una semanas. Eso, si el guión no nos lleva a una nueva cita con las urnas.