Según ha hecho público la institución, el año pasado pagó 2,4 millones por la electricidad consumida en sus inmuebles, más del doble que en 2020, cuando la factura ascendió a 1 millón de euros, y para 2022 calcula que el coste podría elevarse hasta los 6 millones de euros.
"Representa un 4,8 % del presupuesto total de la universidad para este año", subraya la UIB, que se ha dirigido al Govern balear para buscar una solución a este problema.
Por ello, desde este lunnes, se apagarán todos los sistemas de climatización excepto los imprescindibles para mantener "instalaciones críticas o para la continuidad de la actividad investigadora".
Asimismo, queda prohibido el uso de aparatos de calefacción o aire acondicionado individuales en el campus de Palma y en las sedes de Ibiza y Menorca.
Todos los ordenadores, impresoras, fotocopiadoras, escáneres y aparatos similares tendrán que desconectarse de la red eléctrica al acabar cada jornada, y las luces de los distintos espacios solo estarán encendidas cuando estén ocupados.
La iluminación exterior del campus se reducirá en dos tercios, excepto en la zona de la residencia universitaria, y se incrementará la vigilancia.
Los edificios se cerrarán en los periodos no lectivos, excepto el de Son Lledó y el Antoni M. Alcover i Sureda, el más eficiente desde el punto de vista energético, y desde el 1 de abril el cierre en los días de clase se adelantará de las 22 a las 21 horas.
Estas actuaciones "se modularán a medida que el contexto energético vuelva a una situación de normalidad".
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