El gerente de Asaja Balears, Joan Simonet, se pronuncia en esta entrevista sobre la reciente propuesta de la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a las grandes empresas de distribución, en el sentido de que creen una cesta básica de la compra con precios estables y alimentos variados, que se mantendría hasta principios del año que viene. Dicha cesta debería incluir productos frescos, como carne, pescado, fruta, verdura, lácteos y huevos. De momento, la citada propuesta ha sido recibida con bastante escepticismo por parte de las grandes distribuidoras, al considerar que con la actual escalada inflacionista no tienen margen para poder implementar una iniciativa así.
¿Qué le parece la propuesta de la ministra de Trabajo?
Nos parece que así como está planteada esta propuesta es un disparate, entre otras razones porque va en contra de la Ley de la Cadena Alimentaria, que prohíbe comprar por debajo de los costes de producción. Además, si el Gobierno le hace bajar a una gran distribuidora el precio de venta final de un producto, dicha distribuidora hará repercutir esa bajada en el primer eslabón de la cadena de producción alimentaria, que somos los agricultores. Por tanto, nosotros seríamos los más perjudicados.
Entiendo, sí...
A la ministra le propondría otra cosa, si al parecer tiene tantas ganas de intervenir. Le propondría que apruebe una ley que fije un precio mínimo de compra al ganadero por parte del Gobierno, por ejemplo de un litro de leche a un euro y medio. Sería una manera de ayudar a los productores. Nos hallaríamos entonces ante unos precios de intervención, que aplicaría el Estado para proteger al sector primario. Y si luego la ministra quisiera que la leche se vendiera más barata en las tiendas, que la subvencionase. Si quiere jugar a comunista, que juegue a comunista —ironiza, al ser Yolanda Díaz de Unidas Podemos—.
¿Pero una medida así no estaría prohibida por la Unión Europea?
Efectivamente, al igual que lo estaría también lo que está proponiendo ahora mismo la propia ministra de Trabajo —sonríe—.
¿Cuál podría ser entonces una posible vía factible para intentar contener la inflación?
Por lo que respecta a nosotros, la única manera para intentar contener los precios sería poder reducir los costes de producción. Piense que los precios están subiendo y se están disparando porque está habiendo un aumento de los costes de producción. En el caso concreto del sector agrario, está habiendo una subida del coste de la mano de obra, que precisamente aprobó el Gobierno, así como un encarecimiento de la energía, lo que automáticamente supone un incremento del precio del gasoil y la electricidad. Estas serían las subidas que está habiendo ahora en el mercado nacional.
"La única manera para intentar contener los precios sería poder reducir los costes de producción"
¿Destacaría algo más en ese sentido?
Sí, destacaría que el hecho de que aquí no produzcamos fertilizantes, ni plásticos biodegradables, ni fitosanitarios y los tengamos que importar del exterior, con el efecto añadido de la insularidad, repercute también en el incremento de los costes de producción.
¿El quid está entonces en los costes de producción?
Así es, sí. Si por ejemplo los supermercados pagasen menos por la electricidad que consumen las cámaras frigoríficas, también podrían bajar precios. Y si los agricultores tuviéramos que pagar menos por regar, también podríamos bajar precios. Considero que de ese modo se podrían acometer posibles bajadas de precios.
¿La hipotética rebaja del IVA podría ser también otra posible solución?
Efectivamente. La rebaja que el Estado podría hacer en relación a los impuestos que cobra podría ser otra posible solución. Piense que de momento está manteniendo el IVA en todos los servicios, cuando los precios están subiendo.
¿Cómo está hoy, en general, el campo mallorquín?
Desde hace ya mucho tiempo está literalmente sólo sobreviviendo, manteniéndose a trancas y barrancas. Los números así lo confirman, pues hay claramente una reducción de la producción, sobre todo en el ámbito de la ganadería, que es el que lo está pasando peor. Si no fuera por la alegría del precio actual de la algarroba, la verdad es que pocas alegrías tenemos en estos momentos.
¿Y cuál podría ser el remedio para esta situación?
Yo diría que la solución del campo mallorquín no sería una sola, sino la suma de muchas iniciativas. Así, es importante sin duda que el consumidor compre por ejemplo producto local, pero desde la Administración nos tienen que dejar hacer ese producto local. Con ello quiero decir que si cultivo dos quarterades de hortalizas y quiero cultivar una quarterada más, si voy a Recursos Hídrics a pedir más agua, me la han de poder dar. Del mismo modo, si pido una subvención, esa ayuda se ha de tramitar de una forma rápida y eficiente. Igualmente, si quiero hacer un invernadero, he de poder hacerlo enseguida y no esperar dos años a que me den la licencia.
"Desde hace ya mucho tiempo el campo mallorquín está literalmente sólo sobreviviendo"
¿En la actualidad hay falta de mano de obra en el campo isleño?
Sí, es así, sobre todo en los cultivos que difícilmente se pueden mecanizar, como por ejemplo el de las hortalizas, que además dura bastantes meses. Ahí es cierto que hay falta de mano de obra. Hay que pensar que como los márgenes de los agricultores son cada vez más pequeños, los sueldos en ese sector son automáticamente también más pequeños. A ello hay que añadir que este trabajo en sí mismo es duro. Además, nos encontramos en una comunidad autónoma en la que hay mucha oferta de empleo temporal en el ámbito del turismo, coincidiendo siempre con el periodo en que es más necesaria la mano de obra en el sector agrario. La consecuencia final es que, obviamente, muchas personas prefieren escoger empleos donde cobrarán más dinero y donde el trabajo será menos duro.
¿En la Península pasa lo mismo?
Bueno, en las zonas de costa de la Comunidad Valenciana sí pasa lo mismo, pero no en las poblaciones de Castilla y León, por ejemplo. En la denominada España vaciada, no tienen tanta necesidad de mano de obra agrícola, porque allí el trabajo está muy mecanizado. Allí hay, por ejemplo, latifundios o superficies muy grandes de cereales, por lo que con muy poca mano de obra y una buena mecanización lo pueden llevar.
¿Diría que se ha perdido la conexión que existía antiguamente entre los consumidores y los agricultores?
Ciertamente. Cada vez vivimos más en una sociedad urbana y urbanita, que tiene una imagen idealizada del campo y del mundo rural como un espacio feliz. Nadie sabe hoy, por ejemplo, el gran trabajo que supone llevar una naranja desde el árbol hasta el supermercado, y además con las condiciones de calidad y frescura que los propios consumidores exigen. Como la mayoría de consumidores son urbanos, quieren unos productos de calidad y con unas determinadas condiciones sanitarias, que la normativa nos obliga además a cumplir, lo que hace que suban los costes de producción. Se ha de tener en cuenta que si se pide todo esto, se ha de estar dispuesto a pagarlo.
La agricultura representa, además, otros beneficios para la sociedad...
Así es, pues hay que recordar que la agricultura no es sólo una fuente de suministro de alimentos, sino también uno de los pilares básicos en la lucha contra el cambio climático y la erosión, así como en favor de la sostenibilidad y la economía circular. Todo lo dicho tiene unos costes, que cuando un consumidor compra ahora una naranja no se están pagando en estos momentos. Mire, los agricultores, tanto las grandes corporaciones como los pequeños propietarios, son empresarios, que al igual que otros empresarios tienen familia y han de hacer frente a distintos gastos. Por tanto, han de ganar dinero. Los payeses no trabajan por amor al arte.
"La agricultura no es sólo una fuente de suministro de alimentos, sino también uno de los pilares básicos en la lucha contra el cambio climático y la erosión"
¿Ve garantizado a corto plazo el relevo generacional en el sector primario?
A corto plazo es evidente que sí. En cambio, a más largo plazo seguramente habrá cada vez menos agricultores. Aun así, los que quedarán serán más grandes. Es decir, habrá un modelo de payeses que tendrán más tierras y se quedarán con las fincas más productivas. Paralelamente, habrá una progresiva desaparición de los terrenos peores, que difícilmente serán cultivados, excepto a base de subvenciones.
¿Puede haber algún otro modelo?
Bueno, habrá también otro modelo, que ahora está empezando ya a tener éxito, de pequeños agricultores centrados en unas producciones de alta calidad, para consumidores de medio y alto poder adquisitivo, que buscarán esos productos diferenciados. Esos son los dos modelos que yo veo.
¿Qué señalaría ya a modo de conclusión?
Una de las cosas que también se ha de potenciar de alguna manera es conseguir que haya una relación más directa entre la actividad agraria y el consumidor. Cuando hablo del consumidor no sólo me refiero a la persona que compra los tomates o las naranjas en el supermercado, sino también a la persona que además puede disfrutar en el mundo rural. Aquí entraría ya en juego la actividad complementaria, de experiencias de personas de Mallorca o de turistas que puedan realizar actividades en un agroturismo, tener experiencias gastronómicas en las fincas con productos locales o hacer excursiones en las posesiones. Ese es un potencial que aquí no se acaba de explotar por problemas de legislación.
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