Los efectos de la guerra de Ucrania ya se están dejando notar en los bolsillos de los ciudadanos españoles y del resto de los países que tienen una fuerte dependencia energética. La subida de los precios de la luz, el gas y los combustibles son la consecuencia más inmediata. Lejos del respiro que supuso el mes de febrero en la factura de la electricidad, marzo ha comenzado con nuevos récords históricos; las gasolinas, por su parte, también pulverizan los registros de años. Ambas circunstancias tiene efectos demoledores en el sector agrario, que añade la incertidumbre de la falta de suministro, ya que el 40 por ciento del maíz que compra España -destinado en buena parte a la alimentación para animales- procede de Ucrania.
El efecto más notorio y que los conductores están sintiendo de forma inmediata es el alza los precios de las gasolinas, del gasoil y los diésel plus, que no paran de encarecerse día a día hasta pulverizar récords históricos. En Baleares el impacto es doble, ya que -por efectos de la insularidad- las Islas son una de las autonomías con los precios más altos de todo el país. Según recogía esta semana mallorcadiario.com, el diésel plus prácticamente ha igualado el precio de la gasolina en las islas, con la amenaza de que en un breve espacio de tiempo llegue a superarlo.
La incertidumbre se cierne sobre la falta de suministros derivada del conflicto bélico, que ya ha disparado el precio del gas natural y el petróleo en los mercados mayoristas, y que a medio plazo -por efectos del impacto en el sector primario- hace prever una subida en el precio de los alimentos.
En su comparecencia de esta semana sobre el asunto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya anunció que la guerra en Ucrania tendrá "consecuencias sobre la economía española"; unas consecuencias que ya se están dejando notar en el conjunto de la ciudadanía y que se suman al efecto devastador que durante meses ha supuesto la escalada imparable del precio de la electricidad.
El nuevo escenario se produce transcurridas pocas semanas después de que España cerrase 2021 con la mayor inflación de los últimos treinta años, con una subida de los precios por encima del 7 por ciento. El horizonte no sólo no augura una resolución rápida, sino que amenaza la incipiente recuperación económica; por ello, cabe instar a las administraciones a que establezcan medidas compensatorias o fiscales para paliar el efecto de esta nueva crisis en los bolsillos de los ciudadanos.
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