El patrón es siempre el mismo: llega una llamada, casi siempre proveniente de un país latinoamericano, y una voz muy alterada anuncia el secuestro del familiar. Hijos, hermanos, padres.
Los delincuentes tratan así de intimidar y atemorizar a las familias apabullándoles con gritos, amenazas de lo que le harán a su familiar si no pagan el rescate. La angustia, evidentemente, se apodera de la víctima.
Para su liberación exigen una cantidad de dinero importante -10.000, 20.000, 30.000 euros- aunque, en algunas ocasiones, llegan incluso a negociar. "Hemos tenido casos de víctimas que les explican que ellos no tienen esa cantidad, así que los falsos secuestradores se abren a rebajarles la cuantía". Qué generosos.
CONSEJOS: CÓMO ACTUAR
El primer consejo es mantener la calma. Máxima serenidad, no mostrar un ápice de nerviosismo. "Es importante no bloquearnos y razonar que lo más lógico es que el secuestro no sea real, no es común ni frecuente en nuestro país", explica el policía.
El segundo, buscar una excusa cualquiera para finalizar la llamada. "No hay que colgar de repente porque van a insistir, van a volver a llamar y nos pueden alterar más".
El tercero, fundamental: localizar al familiar presuntamente secuestrado; contactar con él llamándole a su móvil, a su trabajo, a su centro de estudios... "Verificar que está bien, en definitiva".
Y cuarto: avisar rápidamente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de lo ocurrido. Hay que dejar constancia de lo sucedido, por muy broma macabra que pueda parecer: podemos salvar a otras víctimas de este fraude.
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