La buena noticia que se extrae de la lectura de estos datos es que, en el transcurso de este tramo final del primer mes del año, Atención Primaria, uno de los ámbitos de la sanidad pública balear más congestionados durante esta sexta ola pandémica, ha visto notablemente aliviada su carga de trabajo. Al fin y al cabo, estamos hablando de un descenso de más de 38.000 casos en el margen de tan solo una semana, es decir, en términos porcentuales, un 60,14 por ciento.
Esta tendencia claramente a la baja de la presión asistencial en los centros de salud ha coincidido con un cambio de estrategia del Govern en sus esfuerzos por contener el avance de la sexta ola, agravada por la elevada incidencia de la variante ómicron, menos letal que las anteriores pero mucho más contagiosa. En este sentido, fechas atrás, la consellera de Salut, Patricia Gómez, alarmada por la acumulación de pacientes con coronavirus en Atención Primaria, anunció una modificación en los protocolos establecidos, de tal manera que los positivos con síntomas leves o asintomáticos dejaron de recibir seguimiento en los centros de salud y en la Central de Coordinación de Covid.
A este respecto, la consellera solicitó a los usuarios que se encuentran en esta situación, o sea, los que no manifiestan, en principio, efectos graves a consecuencia de la infección, que prescidieran de acudir a Atención Primaria ante, según indicó, "la gran carga de trabajo que se está generando" en un ámbito considerado como la puerta de entrada al sistema de salud.
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CRECEN LOS INGRESOS EN PLANTA HOSPITALARIA
No obstante, contrariamente al descenso en la carga asistencial suscitada en Atención Primaria, otros valores asociados a la evolución de la pandemia en Baleares no están siguiendo el mismo camino. Este es el caso de los pacientes ingresados en planta. El 20 de enero, los datos de la Conselleria de Salut certificaban que 367 pacientes se hallaban en esta situación; ocho días más tarde, el 28 de enero, eran 389, es decir, 22 usuarios más. La diferencia, en términos absolutos, no es significativa, pero pone de manifiesto que la presión en las plantas hospitalarias vinculada a esta sexta ola continúa escalando posiciones y todavía no ha iniciado su paulatino descenso.
En cuanto a otros indicadores, la tónica más significativa es la estabilidad de los valores. No se registran subidas notables, ni tampoco descensos apreciables. Pongamos como ejemplo la tasa de positividad, que el 20 de enero se situaba en el 33,84 por ciento y el 28 del mismo mes apenas había descendido hasta el 33,59.
Tampoco es excesivamente llamativa la reducción de la presión en las UCI, otro de los puntos calientes de la atención a la pandemia y uno de los soportes indispensables para garantizar la continuidad asistencial. Los datos del 20 de enero reflejaban que 89 pacientes estaban recibiendo asistencia en una unidad de críticos de la sanidad balear, con una ocupación del 26,29 por ciento; el 28 de enero, la presión había experimentado un descenso, pero, sin duda, moderado, ya que había tan solo cuatro pacientes menos ingresados en una UCI: concretamente, 85. Como resultado de ello, el nivel de ocupación había bajado hasta el 24,9 por ciento de ocupación, pero, aun así, continuaba, al igual que en la semana anterior, en situación de riesgo muy alto.
BALEARES, CON UNA DE LAS OCUPACIONES MÁS ELEVADAS EN UCI
De hecho, las últimas actualizaciones de datos facilitadas por el Ministerio de Sanidad han colocado a Baleares en el cuarto lugar de ocupación de las UCI en términos relativos, solo por detrás de Cataluña (que fulmina todas las estadísticas, con más de un 40 por ciento), la ciudad autónoma de Melilla y Aragón. En cambio, autonomías que, al inicio de esta sexta ola, copaban las cifras más elevadas de actividad en las unidades de críticos han logrado estabilizar progresivamente sus registros. Así sucede, por ejemplo, en País Vasco y Navarra, cuyas UCI ya soportan ahora mismo una presión inferior a la de Baleares.
El informe diario divulgado por la Conselleria de Salut para poner a la población al corriente sobre la evolución de la crisis epidemiológica en las islas tampoco ofrece, esta última semana, cambios relevantes en los datos relativos a la vacunación. De hecho, la impresión que subyace es que, a pesar de los esfuerzos del Govern para convencer a los ciudadanos que todavía se resisten a administrarse las dosis de protección, los valores de dispensación de los sueros muestran síntomas claros de estancamiento. Si el 20 de enero, el 83,63 por ciento de personas residentes en Baleares y mayores de cinco años contaba con la pauta completa (o sea, al menos dos dosis inoculadas), el 28 de enero el panorama apenas había registrado variación, con un 83,92 por ciento.
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EN EL FURGÓN DE COLA DE LA VACUNACIÓN
Con estos datos en la mano, las islas ocupan el furgón de cola a nivel nacional en cuanto a la cobertura poblacional de la vacunación contra la Covid, y se hallan ancladas muy por debajo de la media del país, que está en torno al 90 por ciento. Por el contrario, comunidades como Galicia (94,4 por ciento), Extremadura (94,2 por ciento), País Vasco (93,3 por ciento), Asturias (93,7 por ciento) y La Rioja (92,9 por ciento) parecen tener mucho mejor encauzados los objetivos de protección vacunal de sus conciudadanos.
En este sentido, la consellera de Salut, Patricia Gómez, ha señalado como una de las causas que podría explicar este bajo nivel comparativo de vacunación en Baleares la circunstancia de que sea, a su vez, la autonomía con un mayor contingente de población extranjera residente.
Este podría ser, al menos, según Gómez, "un factor influyente". La consellera, que realizó estas declaraciones este viernes, coincidiendo con una visita al Hospital Son Llàtzer, en Palma, acompañando a la ministra de Sanidad, Carolina Darias, no aportó, sin embargo, datos específicos sobre el supuesto rechazo a la vacuna contra la Covid por parte de los ciudadanos foráneos. De hecho, se limitó a indicar que las reticencias al suero entre este colectivo adquieren en Baleares una repercusión similar al que se suscita en sus países de origen.
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