La Ley del Juego de Baleares fue aprobada en 2014, por el Ejecutivo que en aquel momento presidía el popular José Ramón Bauzá. Con posterioridad, hace dos años, el tripartito que preside la socialista Francina Armengol aprobó una primera moratoria para nuevas licencias de salas de juego, casinos y bingos, que abarcaba el periodo comprendido entre 2020 y 2022. La nueva moratoria ahora prevista será posible gracias a la citada modificación de la Ley del Juego, que será aprobada inicialmente en un próximo Consell de Govern, para iniciar a continuación su tramitación parlamentaria. En principio, la normativa ya definitivamente modificada entrará en vigor este mismo año.
En su comparecencia ante los medios, Yllanes quiso dejar claro, no obstante, que las licencias actualmente en vigor se mantendrán y que se irán renovando cuando sus titulares así lo soliciten. "No podemos cerrar una sala de juego con licencia porque eso sería una conducta prevaricadora y yo tengo por costumbre no prevaricar", ironizó el también conseller de Transición Energética. Partiendo de esa base, la principal vía para lograr una progresiva reducción de las salas de juego en Baleares a lo largo de los próximos años será la de la desincentivación. Así, se intentará que sean los propios dueños de los locales los que voluntariamente renuncien a seguir con sus negocios.
La inminente reforma legislativa cuenta con el apoyo de la Mesa Social del Juego, conformada por representantes de varias instituciones y de asociaciones como Juguesca o entidades como Projecte Home. Yllanes recordó que dicha Mesa es un espacio de "trabajo conjunto" en donde se trata el juego como "una cuestión de salud pública, una cuestión social y una cuestión de convivencia vecinal, y no sólo como una cuestión estrictamente de negocio, como hasta ahora se había hecho". En cualquier caso, la reforma que se aprobará en breve también ha recibido críticas, en especial por parte de la Associació d'Empresaris de Sales de Joc i Apostes de les Illes Balears —Sareiba—.
Según explica a mallorcadiario.com uno de los portavoces de Sareiba, Miquel Àngel Riera, la prevista modificación de la Ley del Juego "focaliza las medidas excesivamente en las empresas de salas de juego, que sólo representan el siete por cien del montante total del dinero que se juega". Ello hace que, en opinión de Riera, no se contemple "el 93 por cien restante". De este segundo porcentaje, un 51 por cien corresponde a lo que se denomina juego público —loterías, ONCE o Primitiva—. "Si estamos hablando ahora de ludopatías, creo que son esos juegos concretos los que realmente la favorecen, por el elevado importe económico de los premios que ofrecen y anuncian", añade.
LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
Por otra parte, el citado portavoz de Sareiba recalca también que su asociación lleva a cabo desde hace años "una serie de controles y de políticas activas de concienciación" para evitar el posible desarrollo de conductas adictivas. Por último, señala que el juego online va creciendo cada vez más en nuestro país, hasta representar hoy "un 15 por cien del total en el sector". En ese contexto, quizás convenga recordar que las competencias en el juego online y en las loterías son estatales, mientras que todo lo relacionado con el juego presencial es regulado por las comunidades autónomas.
"Con las nuevas tecnologías se ha introducido la posibilidad de poder jugar online, con las consecuencias que ello conlleva de inmediatez, de poder apostar en cualquier momento y de que jugar lo pueda hacer ya hoy casi cualquier persona", explica a este digital el director de Comunicación de Projecte Home, Antoni Parets. La aparición de los juegos online ha favorecido que se haya universalizado la opción de poder acceder al mundo del juego, que hasta hace poco estaba circunscrito esencialmente a las apuestas tradicionales y presenciales. Por ello, los posibles efectos negativos de los juegos de azar no se circunscriben ya sólo a los antiguos usuarios de las salas de juego.
Uno de esos posibles efectos negativos es, sin duda, la caída en la ludopatía. Parets confirma que, como ocurre siempre con cualquier tipo de adicción, las personas adictas al juego suelen seguir también unas determinadas pautas de comportamiento. "Es evidente que una persona que por ejemplo juega una Primitiva a la semana no es una persona ludópata", indica, para añadir: "En cambio, una persona que hace un uso abusivo del juego, afectando ello a su vida cotidiana y a su economía, y que además tiene el juego como una cuestión adictiva y necesaria, sí puede ser considerada una ludópata".
Para tratar esos casos, Projecte Home cuenta con un programa denominado 'Eureka', específico para adicciones comportamentales, entre las que se encuentra la adicción al juego. La ayuda que se ofrece es sobre todo "a nivel terapéutico". Así, en primer lugar se hace un diagnóstico de cada caso y seguidamente empieza ya el preceptivo tratamiento, que varía en función de la edad y las características de la persona afectada. Actualmente, hay 18 personas en el programa 'Eureka', mientras que en el programa 'Ciber' —que es para jóvenes— hay seis personas.
UNA ACTIVIDAD LEGAL
Parets recuerda que en España el juego es legal, al igual que el alcohol o el tabaco, por lo que casi cualquier persona puede tener acceso al juego. "Eso es un hándicap", lamenta. En ese sentido, afirma que "la labor de educación y de prevención es tan o más importante que la de tratamiento". Por otro lado, el hecho de que el juego sea legal en nuestro país y en el resto de Europa significa, entre otras cosas, que se puede publicitar y difundir por diferentes medios, lo que de facto implica también su "banalización".
Esa opinión es compartida también por la psicóloga clínica e integrante de la asociación Juguesca Júlia Monge. "El juego es una actividad legal, pero que puede generar una problemática adictiva; por tanto, tiene que estar muy bien regulada y ordenada", destaca. Monge también señala que ha costado mucho que la ludopatía fuera considerada como un verdadero trastorno adictivo. "Ahora, por fortuna, ya se reconoce como tal", añade. Juguesca se creó en los años noventa y desde entonces ha estado en contacto con las distintas conselleries del Govern que se han ocupado de los juegos de azar.
Monge reconoce que el cambio de la oferta en el juego también ha producido un cambio en el tipo de jugador que les llega. "Ahora tenemos el jugador online, incluso el de criptomonedas y otras ofertas nuevas que están saliendo, que también son adictivas, si bien el jugador de tragaperras y el de ruleta siguen siendo una constante", indica. Tanto las máquinas tragaperras como las ruletas "son muy adictivas", de ahí que Juguesca considerase que se tenía que regular la actual oferta de salas de juego en Baleares, porque "la consecuencia de que tengamos hoy tantas salas de juego es que también hay muchas personas que tienen una problemática relacionada con este tema".
En principio, "cualquier persona puede desarrollar una adicción al juego", si bien también es cierto que "hay rasgos de personalidad o situaciones personales que pueden hacer más vulnerables a determinadas personas". Monge recuerda que "el juego, en sí mismo, es adictivo". Por ello, insiste, "cuando se juntan factores individuales, sociales, personales o económicos que hacen más vulnerable a una persona, es más probable que aparezca entonces esa adicción". A ello habría que añadir la existencia de una publicidad "muy tramposa", que promete que "podrás vivir sin trabajar o que serás feliz si te toca un premio". Dicha publicidad va dirigida hoy, además, "a todo tipo de público".
AYUDA TERAPÉUTICA
"En Juguesca ofrecemos tratamiento terapéutico individual y también grupal", especifica Monge. Al igual que ocurre con otras adicciones, la ludopatía es una problemática que "no sólo afecta a la persona, sino también a todo su entorno, ya sea laboral, social o familiar". En ese sentido, a veces es también necesaria la implicación de la familia en el proceso de curación. El objetivo esencial del tratamiento es lograr "la abstinencia total en todo tipo de juegos" de la persona afectada y que aprenda a "vivir sin jugar". El alta se da cuando ha pasado como mínimo un año sin que esa persona haya vuelto a jugar, si bien siempre se hace un seguimiento a largo plazo, para prevenir posibles recaídas.
Una de las personas que sigue hoy un tratamiento en Juguesca es Manuel —nombre ficticio—, de unos treinta años de edad y funcionario. "Empecé con el juego online hace tres años, con apuestas deportivas, si bien los dos primeros años jugaba de una forma muy esporádica", comenta. Fue a raíz del confinamiento que hubo al inicio de la pandemia cuando esa afición de Manuel se transformó en una constante necesidad de jugar y finalmente en una ludopatía. Paralelamente, sus amistades se empezaron a dar cuenta de que las cosas no iban bien. "Yo nunca había necesitado dinero y el hecho de empezar a necesitarlo hizo que saltasen todas las alarmas", explica.
"Yo tenía mucha resistencia a reconocer lo que me estaba pasando, pero al final de una charla con mis amistades lo reconocí", indica. A partir de ahí, acudió inicialmente a una Unidad de Conductas Adictivas (UCA), aunque con posterioridad contactó con Juguesca a instancias de su pareja. En la actualidad, lleva ya unos tres meses de tratamiento. "Me encuentro mucho mejor, si bien es un proceso bastante duro, en el que hay momentos de culpabilidad, de sentirte triste o de no entender lo que te estaba pasando antes del inicio de la rehabilitación", añade Manuel, quien en estos momentos participa en sesiones individuales y también de grupo.
A su juicio, asumir que se tiene un problema de ludopatía sería lo más complicado, "pero el hecho de ver luego que cuentas con el apoyo de tu pareja y de tus amigos ayuda a poner frenos a todo lo que tiene que ver con esa ludopatía". Ese refuerzo que se recibe desde el entorno "es muy positivo". Por ello, Manuel considera que la situación debe de ser "mucho más difícil" para aquellas personas que se encuentran solas. Por último, anima a quienes hoy sean adictos al juego a ponerse en manos de expertos. "Les diría que no tengan miedo de pedir ayuda, porque pedir ayuda no es un final, sino un principio, el principio de una nueva vida", concluye con convicción y con sincera empatía.
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