Menores de edad, especialmente alumnos de colegios e institutos, están siendo agregados sin su consentimiento a chats de WhatsApp donde se distribuye pornografía, también infantil.
El administrador suele ser un adulto, que "pasa a tener una red de contactos de cientos e incluso miles de escolares", donde les envía pornografía, en ocasiones muy agresiva, además de mensajes de odio y homófobos.
La Policía Nacional alerta de este fenómeno viral que supone, entre otros peligros, que personas desconocidas tengan el teléfono de los alumnos, además de saber su centro escolar, creándose grandes grupos con los detalles de cada menor, lo que puede derivar en que se llegue a contactar con el menor "para acosarle o bien solicitarle contenido pornográfico haciéndose pasar por otro menor".
El objetivo de estos grupos, explica la policía, parece ser que "cuanta más gente entre, mejor", y así tener "información sensible que luego pueden utilizar para cometer otros hechos delictivos". "En pocas horas tienen acceso a miles de números de teléfono de menores localizados en centros escolares muy concretos", advierte el policía nacional José Díaz.
CÓMO EVITAR SER PARTÍCIPES
La policía recomienda a padres y madres tomar precauciones, principalmente para evitar que sus hijos sean añadidos a estos grupos. "Existe una opción en WhatsApp para restringir que números desconocidos nos añadan a grupos", pero cabe recordar que muchos administradores utilizan a los miembros para que agreguen a sus conocidos, formándose una cadena, o también mediante un enlace de invitación que se pasan unos a otros.
Por ello, cabe advertir a los menores del peligro para que lo comuniquen y salgan del grupo "inmediatamente", y así poder tramitar la denuncia. Para ello, la policía recuerda la importancia de capturar el número de teléfono del administrador, así como guardar el contenido que se distribuye en el grupo, "para poder tener pruebas claves e investigar así al titular de la línea". Igualmente, reitera que "hay que tener mucho cuidado porque además, si guardamos el contenido pornográfico sin denunciar, estamos incurriendo en un delito".
Después del caso de los falsos desnudos a menores con Inteligencia Artificial, se están observando nuevas formas de distribución de pornografía infantil mientras la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, con el fácil acceso que dan los móviles a contenidos no indicados para niños, exponiéndoles a determinados riesgos, aumentando sus posibilidades de ser víctimas de acoso sexual, vulnerando su privacidad, además de afectar a su educación. Para los expertos es crucial establecer límites y regulaciones para garantizar un uso ético y responsable, además de la divulgación sobre las riesgos.