La reunión extraordinaria de la Mesa del Diálogo Social que se celebra este viernes en Palma ha despertado una expectación máxima, especialmente por lo que se refiere al futuro de los Expedientes de Regulación de Empleo Temporales (ERTEs). La reunión está presidida por los ministros de Trabajo y de Seguridad Social, Yolanda Díaz y José Luis Escrivá, quienes acuden a un encuentro en el que participan administraciones y agentes sociales de cara a buscar soluciones a la crisis económica desatada por la pandemia del coronavirus. No garantizar la prórroga de los ERTEs en esta reunión sería un fracaso con graves consecuencias.
Las demandas de patronales y sindicatos apuntan a la necesidad de prorrogar este sistema de protección hasta final de año y, en zonas altamente dependientes del turismo como es el caso de Baleares, hasta la Semana Santa como mínimo, que es cuando se recupera algo de la actividad turística. La fórmula actual, que ha sido útil hasta ahora, ha quedado muy superada por la situación dada la paralización de la mayoría de actividades económicas. Es por ello que, además de la prorroga, urge una actualización de un modelo que reduce la cobertura de la base reguladora a la mitad a partir del sexto mes. Empresas viables no pueden verse perjudicadas por una circunstancia sanitaria mundial sobrevenida.
Los ERTEs se han revelado como un sistema eficaz para proteger a trabajadores y empresas; y su prórroga y reforma debe ser objeto del máximo consenso entre Gobierno y agentes sociales. Así, la reunión clave de este viernes debe acometerse sin apriorismos ni propuestas cerradas. Sería un error acudir al encuentro con una fórmula cerrada sin opciones a cambios.
En el conjunto del país, más de 810.000 trabajadores siguen incluidos en un ERTE. De ellos, algo más de 58.000 están en Baleares. El objetivo último es que todos regresen a sus empleos, pero mientras tanto el sistema debe proveer los mecanismos de protección suficientes para que las empresas -y los autónomos- estén en disposición de recuperar su actividad en el menor plazo de tiempo posible, una vez superada la crisis.
El problema es especialmente acuciante en sectores directa o indirectamente dependientes del turismo (transportes, hostelería, ocio nocturno, comercio, servicios complementarios...), que a la urgencia laboral de prorrogar los ERTEs suman la necesidad de que se les concedan ayudas inminentes si no quieren verse abocados al cierre.