En febrero, las cifras oficiales mostraron una reducción del paro en 6.000 personas y la creación de 100.000 nuevos empleos. A primera vista, esto podría parecer una excelente noticia. Sin embargo, un análisis más profundo revela que la situación es más compleja de lo que parece.
Uno de los datos más llamativos es que el 80% de los nuevos empleos corresponden al sector público. En condiciones normales, el empleo generado por la administración debería representar entre el 20% y el 30% del total. Esto indica que el sector privado sigue sin despegar, lo que a largo plazo no es sostenible para la economía del país.
España sigue teniendo la tasa de paro más alta de la Unión Europea, duplicando la media comunitaria pese a los artificios. Además, el desempleo juvenil sigue siendo un problema grave. La precariedad también es evidente en la calidad de los contratos.
Otro factor preocupante es el elevado número de despidos. Un estudio reciente de FEDEA y BBVA revela que España es el país de la UE donde más trabajadores son despedidos cada trimestre. Esto demuestra que, aunque se creen nuevos empleos, muchos trabajadores siguen perdiendo sus puestos de manera recurrente.
Además, el descenso del desempleo no siempre significa una mejora real. Una de las razones por las que hay menos parados es porque también hay menos personas buscando trabajo. Muchas personas han dejado de intentarlo, ya sea porque reciben una prestación o porque han decidido emigrar. De hecho, se estima que unas 50.000 personas abandonan España cada mes en busca de mejores oportunidades laborales.
El porcentaje de personas activas entre 25 y 55 años está en su nivel histórico más bajo, con un 70%, cuando hace una década alcanzaba el 80%. Entre las razones de esta caída están la emigración laboral, la desmotivación para buscar empleo y el envejecimiento de la población.
Si bien es cierto que, en caso de una guerra arancelaria, España podría verse menos afectada que países con mayor peso industrial Un cambio en los mercados emisores de turistas podría tener un fuerte impacto en el empleo.
Aunque las cifras oficiales puedan mostrar una aparente mejora en el empleo, la realidad es que persisten problemas estructurales graves. Es necesario un cambio profundo que fomente el empleo estable y de calidad, asegurando un futuro más sólido para los trabajadores españoles.