Mallorca entra en Fase 2 de la desescalada este lunes. Lo hará junto a Ibiza y Menorca después de que el Ministerio de Sanidad haya valorado los indicadores sanitarios registrados en nuestra comunidad. De esta manera, todo el archipiélago se instala en la Fase 2 después de que Formentera ya hubiera estrenado la condición una semana antes.
Hasta el próximo 7 de junio, el paso de fase permitirá actividades vetadas durante el estado de alarma entre las que destacan la apertura de bares y restaurantes -no sólo sus terrazas-, los centros comerciales, las zonas comunes de hoteles, las piscinas o las playas. Habrá condiciones de aforos y la obligación de mantener distancias de seguridad, además de instalar barreras físicas en algunos de estos lugares. Pero el avance en la desescalada es una buena noticia para las expectativas de las Islas y la demostración de que, aunque la enfermedad no está vencida, sí se mantiene en unos registros que el sistema sanitario balear puede gestionar sin graves tensiones.
La nueva situación a partir del lunes pone en manos de los ciudadanos -o mejor dicho, en el ejercicio de su responsabilidad individual- buena parte de la evolución futura de la enfermedad. Ampliar las opciones para que haya más actividades exige un mayor compromiso por parte de aquellos que las van a desarrollar. Habrá normas y vigilancia, incluso sanciones en algunos casos, pero sólo el sentido común de cada cual acabará siendo el elemento indispensable para evitar el riesgo de volver atrás en la desescalada. No en vano, el sistema basado en indicadores sanitarios sirve lo mismo para avanzar en las diferentes fases como para retroceder si la situación empeorase.
El comportamiento general de la población en las Islas ha sido muy positivo durante los meses de confinamiento. En las semanas de mayor restricción, las denuncias en Baleares por incumplimiento oscilaban entre las 10 y las 12 diarias, reduciéndose su número a la vez que se avanzaba en una mayor apertura. En todo caso, han sido -y todavía son- situaciones puntuales no extrapolables a la actuación general de la población.
El uso de mascarillas, la higiene de manos y el mantenimiento de distancias, evitando que se produzcan aglomeraciones, deben seguir siendo la pauta común de nuestra vida cotidiana durante todo el tiempo que dure la pandemia. Especialmente, en esta nueva fase donde lugares como las playas o los centros comerciales pueden propiciar muchos incumplimientos. Se trata de que con la Fase 2 no se ponga en riesgo el avance conseguido.