Un Mallorca de vergüenza
martes 25 de febrero de 2014, 19:37h
La tragicómica situación de guerra cainita que vive el Consejo de Administración del Real Mallorca ya ha traspasado los linderos del ámbito deportivo para convertirse en una vergüenza para toda la sociedad mallorquina, le guste o no le guste el fútbol. La guerra a muerte que protagonizan los miembros del Consejo de Administración está haciendo un daño enorme a la imagen de la isla. En la Península ven un club histórico convertido en una leonera en plena selva, en una escandalera interminable que merecería la intervención de las instituciones políticas para, al menos, mitigar la algarabía y superar el actual estado de degradación.
Una Sociedad Anónima Deportiva es mucho más que una empresa normal y corriente. Representa el espíritu de toda una afición y de todo un pueblo. Los propietarios de este tipo de sociedades asumen una responsabilidad social enorme que les obliga a situarse por encima de trifulcas, zancadillas, ataques de rabia y, por consiguiente, alarmante falta de capacidad de gestión.
Es cierto que el Real Mallorca no ha conseguido los apoyos políticos para tener un estadio en condiciones, pero eso no es excusa para descargar sobre otros el fracaso de un proyecto deportivo. Además, los actuales máximos accionistas han conseguido lo que parecía imposible: tener a todos los medios de comunicación en contra y la opinión pública en general. Ante tamaño circo, ante una cúpula directiva convertida en el camarote de los Hermanos Marx, se han encendido todas las luces de alarma. El incendio ya parece incontrolable. Ante semejante desastre sólo cabe apelar a la poca responsabilidad que les queda a los protagonistas de este drama. Por un mínimo de amor que tengan al Real Mallorca, sería conveniente que algunos abandonasen sus cargos y dejasen entrar aire fresco en el club.
O se consigue una salida o poco a poco el Real Mallorca se encamina a algo muy parecido a su desaparición. Produce escalofríos, pero esa es la dura realidad para una institución que se acerca hacia un siglo de gloriosa historia. La memoria colectiva de los mallorquines no merece ser mancillada por un grupito de incompetentes que, vista la catástrofe que han causado, sólo usan la cabeza para embestir.