¿Cómo nació la Asociación Tardor?
Nació a raíz de las guardias que hacíamos dos amigos en Ca l'Ardiaca, que es un centro que depende del IMAS. Esas dos personas éramos Jonny Darder y yo. Nos dábamos cuenta de que en Mallorca tenemos un problema de pobreza estructural y de que con la crisis que se inició en 2008 ya no dábamos a basto. Entonces pensamos en qué más podríamos hacer aparte de nuestro trabajo en Servicios Sociales del Consell, teniendo además en cuenta que la Administración no va normalmente todo lo rápida y ligera que debería ir. A partir de ahí nació la Asociación Tardor en 2009, si bien se formalizó finalmente en 2013.
¿Quién aporta los fondos a la entidad?
Por una parte, hay personas que hacen pequeños donativos económicos, y, por otra parte, nos ayudan diversas entidades. Pero el problema es tan grande, atendemos a tanta gente, que el esfuerzo es titánico. Piense que no sólo tenemos un comedor social, sino que hemos abierto además un centro de atención familiar, una llar para familias monoparentales —madres y niños— y una llar para matrimonios y personas solas. En total, dichas llars acogen a 110 personas en estos momentos.
"El problema social es hoy tan grande, atendemos a tanta gente, que el esfuerzo es titánico"
¿Cómo distribuyen la comida?
En el centro de atención familiar entregamos alimentos —leche, aceite, atún...— a personas que pueden cocinar. Cuando esas personas vienen con sus carritos a nuestro centro, les entregamos alimentos ya para toda la semana, para que no tengan que venir cada día. Por lo que respecta al comedor social, preparamos comida para distribuirla con táperes a personas que están en la calle y duermen en cajeros, chabolas o debajo de un puente, o que duermen de okupas y no tienen ni luz ni agua. El jefe de cocina es Koldo Royo. En el comedor social atendemos diariamente de media a unas 850 personas, que vienen a recoger un táper porque no pueden cocinar, mientras que en el centro de atención familiar atendemos a unas 700 personas de media para toda la semana, incluidos 50 bebés y 190 niños.
Hacen falta muchos recursos entonces...
Efectivamente. Imagínese la logística y la cantidad de comida que se necesita. A ello habría que añadir las horas que se emplean para cocinar y también el gasto de luz, gas o transporte que todo ello entraña. Todos los que colaboran con nosotros son voluntarios, unos 50 en total actualmente.
Ustedes actúan en tiempo real...
Esta es la base de nuestra intervención, poder actuar en tiempo real para ayudar a solucionar problemas que no pueden esperar.
"La Administración no va normalmente todo lo rápida y ligera que debería ir"
¿Quiénes son hoy los usuarios mayoritarios de sus servicios de ayuda?
El 85 por cien de los usuarios son hoy de clase media baja. Hay también empresarios autónomos y gente que lo ha perdido todo por culpa de no poder hacer la temporada turística.
¿La gente es más solidaria en estas fechas navideñas?
Sí, es así. Siempre hay un incremento de solidaridad en estas fechas. Tampoco es para tirar cohetes —sonríe—, pero es así, sí.
¿Cómo augura el futuro inmediato a nivel social?
Creo que la gente no ha entendido aún el desastre económico al que nos estamos enfrentando. El mal ya está hecho. Ya no es una cuestión de encontrar una vacuna y de dar sólo respuesta a lo que es la pandemia. Hemos de entender que si ya la clase media baja no se había recuperado de la crisis de 2008, imagínese ahora. Me parece que la gente no analiza el problema que hay y los políticos tampoco lo quieren decir. Y les entiendo, porque decir la verdad sería un desastre. Los políticos hacen su papel, que es intentar dar un mensaje optimista y decir que esto lo arreglaremos y que la economía volverá a remontar. Tienen que hacerlo, porque si no, ¿qué tenemos que hacer, nos tenemos que cortar las venas? Pero no nos dicen la verdad.
"Pensamos que la gente es capaz de valerse por sí misma si le das los medios"
¿En qué sentido?
Las personas que estamos en primera línea sabemos que la herida económica que hay es brutal. De esta crisis no saldremos en un año, ni en dos, ni en tres, ni en cuatro, ni en cinco, ni en seis. La deuda que tiene España en estos momentos es impagable.
¿Tienen usuarios de fuera de Palma?
En la Part Forana hay otros canales de ayuda, pero no son suficientes. A nosotros nos han llamado por ejemplo desde Alcudia o desde Inca. Es cierto que en todos los lugares hay gente que ayuda y gente que se está organizando, pero ha habido momentos en que nos han llamado de todas partes, sobre todo con el problema de los desahucios y de la gente que se queda sin alojamiento, para ver si se podría encontrar una solución. En ese contexto, nuestro objetivo es mantener la dotación de comida que damos e intentar abrir más centros habitacionales.
¿Pagan un alquiler por los centros que ya tienen abiertos?
Sí, así es. El último que hemos abierto es de tres plantas y cuesta 3.500 euros al mes de alquiler. En total, nos hemos gastado 160.000 euros, incluyendo el sistema de renovación de aire que exige actualmente la normativa Covid. Si esto lo hiciera una institución pública, costaría cuatro millones de euros. La diferencia está en que nosotros somos todos voluntarios. Lo que menos cuesta de una obra es el material. El dinero para poder hacer las obras viene de las aportaciones de los voluntarios y de los donantes. En cuanto al mantenimiento, lo pagan las propias personas que tenemos alquiladas.
"Hemos de recuperar la solidaridad, para poder dar una oportunidad a las personas más necesitadas que quedan fuera del sistema"
¿Los usuarios pagan alguna cantidad mensual?
Un caso típico sería, por ejemplo, el de una persona mayor que cobra la pensión mínima, 365 euros. Antes, tenía que pagar 300 euros por una habitación y le quedaban 50 euros para poder comer y vivir, mientras que ahora puede estar en una llar donde paga 75 euros y tiene habitación, comida, ducha, lavandería, productos de limpieza y productos de higiene, todo incluido. ¿Por qué? Porque son los propios usuarios los que también gestionan la llar, supervisados por nosotros. En lugar de crear centros donde haya personal específico, trabajadores, técnicos, etcétera, nosotros pensamos que la gente es capaz de valerse por sí misma si le das los medios.
¿Y si alguien no puede aportar ninguna cantidad?
En principio, para esos casos están las instituciones públicas. Aun así, si alguien nos dice que no puede pagar porque se ha quedado sin ayudas, pero que se ocupará de labores de mantenimiento, le atendemos. Siempre miramos de encontrar soluciones de este tipo. Una cosa muy importante que me gustaría recalcar es que nosotros sólo acogemos a personas "cero cero", es decir, cero alcohol y cero drogas.
¿Cuánto tiempo llevan Jonny Darder y usted en el ámbito de los servicios sociales?
En total, Jonny Darder lleva 32 años trabajando en ese ámbito y yo llevo 26 años. Ambos ayudamos personalmente a los usuarios de los dos centros habitacionales, les supervisamos y procuramos que se impliquen en la gestión, porque es su casa. Nosotros lo único que hemos hecho ha sido crear la infraestructura y buscar los medios para que ellos puedan tener un hogar.
¿Cómo podría ayudar la gente que nos esté leyendo?
Nosotros tenemos una página web que se llama Teaming Tardor, en donde quien lo desee puede dar un euro al mes. Es una cantidad que casi cualquier persona podría dar. Teniendo en cuenta que en estos momentos hay unos 500.000 asalariados en Baleares, si 100.000 de ellos nos dieran un euro cada mes, nosotros abriríamos un centro cada tres meses, donde la gente podría tener todo lo que le he comentado, un alojamiento con todos los servicios. Acabaríamos con el problema de que hubiera gente en la calle. De hecho, incluso acabaríamos también con la pobreza laboral, porque hay muchas personas que en verano tienen que gastar más de la mitad de lo que ganan en un alquiler, lo cual no les permite ahorrar cuando llega el invierno. Nosotros crearíamos centros habitacionales en donde estas personas podrían, por muy poco dinero, tener un puesto digno donde estar, ahorrar dinero, volver a su tierra y tener una vida digna.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar en estas fechas?
Me gustaría enviar el mensaje de que hemos de recuperar la solidaridad, para poder dar una oportunidad a las personas más necesitadas que quedan fuera del sistema, porque un ingreso mínimo vital de 430 euros no te permite salir de la pobreza ni tener autonomía. Hemos de encontrar soluciones dignas.