El argumento trata de Zoe Walker, una joven rubia y atractiva veinteañera que se propone investigar la muerte de su hermano Axel en Ibiza; un joven sumergido en el submundo de las drogas que se convierte en un DJ adorado por fanáticos de la música tecno. Para ello, Zoe abandona su tranquila vida en una ciudad industrial y gris de Inglaterra junto a su padre, policía, y se planta en el aeropuerto pitiuso sin otra intención que saber qué pudo haberle ocurrido y por qué no dió señales de vida durante un año. En sus indagaciones se ve sumergida en un mundo de drogas, sexo, poder y ambiciones personales.
En principio, las localizaciones isleñas de la serie White Lines de Netflix debían ser todas de Ibiza. Sin embargo, en uno de los capítulos, y sin que el espectador se dé cuenta, el plató al aire libre se traslada a la isla de Mallorca, más concretamente a la Serra de Tramuntana. Insinuando que se trata de una gran mansión en una de las urbanizaciones de lujo de la mayor de las pitiusas, la acción se desarrolla en sus terrazas y jardines. ¿Y de qué trata la acción? Pues de una descomunal orgía en la que decenas de personas de ambos sexos se regocijan con sus cuerpos teniendo de fondo muros de pared seca y jardines de tipo mediterráneo.
Para alguien que no está acostumbrado a memorizar estampas paisajísticas e inmuebles, la secuencia podía perfectamente desarrollarse en Ibiza. Sin embargo, si el espectador es capaz de apreciar un detalle en décimas de segundo puede percibir que el marco donde se celebra la macro orgía es la fachada Este de la possessió de s'Estaca en Valldemossa, propiedad del actor estadounidense Michael Douglas. Son fáciles de ver las almenas blancas que coronan el inmueble y las palmeras centenarias que lo rodean. ¿Qué necesidad tuvo el actor para alquilarla, o el administrador con permiso de aquel? Difícil de saber. Lo que es seguro es que percibió una importante suma de dinero por alquilar durante un día o varios la possessió que fuera en su día, en el siglo XIX, del Archiduque Luís Salvador, para una escena de sexo múltiple que podrían haber filmado en cualquier rincón de Ibiza. Nadie facilita este tipo de datos, pero según miembros de productoras cinematográficas de Mallorca, se podrían pagar hasta 10.000 euros por día de rodaje.
El hecho en sí no tendría más interes salvo por el recurso de s'Estaca para filmar unas secuencias eróticas de una serie de televisión que se rueda y se desarrolla en Ibiza.
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