"Bon dia Països Catalans! Visca la terra! i Puta España!". Así se despachaba Baltasar Picornell en Twitter el pasado domingo, 25 de julio, día de Santiago Apóstol, patrón de España. El que fuera presidente del Parlament balear la pasada legislatura se dirigía en estos términos a sus más de 17.000 seguidores en la red, en una salida de tono considerable con la que el ex político de Podemos parece querer mantener un cierto protagonismo público, aunque ya se encuentre alejado de la política y busque desempeñarse como carpintero en su Felanitx natal.
Más allá de la mayoritaria reacción de rechazo -también recabó apoyos- que causó el extemporáneo tweet de Balti Picornell, es innegable el mal gusto y la salida de tono totalmente improcedente de alguien que ocupó un papel institucional -probablemente el más institucional- en la administración autonómica balear hasta hace dos años. Picornell ejerció de presidente del Parlament entre febrero de 2017 y junio del 2019, fruto de los acuerdos entre PSOE, Més y Podemos; unos acuerdos que otorgaron a estos últimos la presidencia de la cámara.
Con un talante generalmente afable y una ecuanimidad que, a veces, le valió criticas entre los suyos, Picornell logró el respeto de los parlamentarios aunque también protagonizó no pocas torpezas y algunas salidas de tono. Pero parece que es ahora -cuando ya está alejado de la política, sin responsabilidad alguna incluso dentro de su propio partido, del que salió con notables críticas hacia sus compañeros-; parece que es ahora, decíamos, que es cuando Picornell busca reverdecer el protagonismo perdido. Sorprende, sin embargo, la forma tan burda, maleducada y fuera de registro elegida por Picornell, a quien todavía, por respeto institucional y como ocurre con todos los que han ocupado el puesto, se le denomina "presidente" en recuerdo del cargo que ocupó representando a todos los miembros de la cámara.
Con su salida de tono, Balti Picornell traiciona este respeto institucional del que él mismo disfruta. Ser republicano y simpatizante independentista es legítimo; y Picornell, puede expresarlo cuándo y dónde mejor considere. Al fin y al cabo, ya sólo se representa a sí mismo. Pero reducir el debate a la ofensa y al insulto cuando quien lo hace ha sido un cargo institucional que, además, se valió de ello para ganar protagonismo -y un buen sueldo- es impresentable y totalmente rechazable. Sobre todo por quienes fueron sus compañeros y aún siguen en las instituciones.
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