La propuesta de mutualización de parte de la deuda autonómica, impulsada por Sánchez, es uno ejemplo más palmario de trilerismo político-económico de un personaje que ya nos tiene acostumbrados a los trucos para ingenuos. Condonación es la palabra que ha ordenado pronunciar. Para continuar este año 2024 en la Moncloa tiene que volver “comprar” los votos de los segregacionistas catalanes. Es decir, ha de coger dinero de todos los españoles para entregarlos a los que tienen la llave de su continuidad.
No es una operación muy diferente de la que realizó el año pasado, borrando todos los delitos que cometieron aquellos que perpetraron el golpe de estado de 2017. Desde luego, con su característica manipulación del lenguaje, nos aseguró, por activa, por pasiva y por perifrástica, que los amnistió para beneficio de todos, incluidos los damnificados de aquellos desgraciados sucesos. El año que viene las exigencias de los extremistas catalanes serán otras y, por supuesto, el presidente de todos los españoles nos volverá a tomar el pelo para cumplir con sus exigencias.
Para llevar a cabo sus trucos de magia, Sánchez, por un lado, se suele servir de un potentísimo aparato propagandístico construido con persistencia, y con alguna que otra jugada más que dudosa. Por otro lado, ha conseguido vaciar por completo a su partido. El PSOE ya no es más que la guardia pretoriana del jefe. Aunque desde aquel “Quién se mueve no sale en la foto,” popularizado por el otrora todopoderoso Alfonso Guerra la senda estaba marcada.
En este sentido no podemos estar seguros que muchos de los miembros del PSIB, que han tenido responsabilidades en materia de financiación, son conscientes de la enorme burla que supone la mutualización de parte de la deuda autonómica. Para empezar, saben que no es ninguna condonación, aunque, sin embargo, se van a emplear a fondo para que esa denominación sea la empleada.
También saben que con ese movimiento contable salen ganando los que peor han gestionado en perjuicio de sus conciudadanos, como es el caso de los secesionistas catalanes. Sensu contrario, salen perdiendo aquellos que han administrado algo mejor, como es el caso de Baleares. Dicho con palabras más claras, con la propuesta sanchista, los ciudadanos del archipiélago pierden al pasar a asumir una deuda que hasta ahora recae en aquellos que la habían contrariado por sus delirios independentistas.
Pero la sumisión canina al jefe obliga. Basta ver la actitud de la actual presidenta del Congreso de los Diputados, capaz de humillarse obedeciendo, sin chistar, incluso las órdenes que el líder supremo le realiza con una simple mirada. Podemos estar seguros que el PSIB aceptará, y difundirá, la mascarada sin ningún rubor. El jefe es el jefe, aunque sea a costa de hacerles trampas a sus votantes.
Sobre este asunto, otra cuestión a considerar es la posición de la prensa local de papel de nuestra comunidad. Es muy posible que algunos de sus opinadores y editorialistas se muevan por ignorancia, aunque esto sea difícil de creer. Pues ciertamente, llama la atención la facilidad con la que han tragado el anzuelo. Sin embargo, no creo que un asunto tan sencillo de entender sea una cuestión de falta de conocimientos en todos los columnistas que la defienden, más bien, induce a pensar que hay relaciones ocultas a los ojos del gran público. Tal vez por eso se ha generalizado aquello del “equipo sincronizado de opinión”. Mercenarios con carnet de periodista.
Tampoco se acaba de entender cómo desde la actual oposición nacional se acepta la manipulación de las palabras, al aceptar que la propuesta es una quita de deuda en vez de una mutualización. Dominar el lenguaje es dominar los sentimientos, y estos son más importantes que los propios intereses a la hora de definir preferencias políticas.
En cualquier caso, los partidos políticos tienen la misión de ser la opinión organizada de una parte de la población. Sin duda, aquí la palabra organización significa aceptar una cierta jerarquía. Pero cuando ésta se convierte en la característica no sólo dominante, sino casi exclusiva, es que la degradación democrática está en marcha.