El Ayuntamiento de Palma ha retomado este jueves desde las 08.00 horas las tareas de derribo de las tres viviendas de Son Banya que este miércoles quedaron vacías, después del realojo voluntario de las familias. Una de las viviendas ha quedado totalmente derruída y se han retirado los escombros y se han desmontado los tejados de fibrocemento de la segunda casa, que se acabará de derruir este viernes.
En el lugar están trabajando "con tranquilidad desde primera hora de la mañana" efectivos de la Policía Local, de la Policía Nacional, y de los departamentos de Infraestructuras y Bienestar Social del Ayuntamiento. Los agentes continúan con la tarea de escolta de operarios y técnicos.
Tras familias de Son Banya han sido realojadas en sus nuevos domicilios de otras barriadas de Palma, si bien desde el consistorio no se ha informado de dónde para preservar la intimidad de estas personas. Se ha insistido en que no han sido reubicados en “barrios vulnerables”. Hasta cinco familias serán realojadas en agosto.
Desde el Ayuntamiento se ha lanzado un mensaje a aquellos que se resistan al desalojo. El alcalde de Palma, Antoni Noguera, ha advertido que el desalojo y derribo de las viviendas "no tiene marcha atrás". En total son 17 las familias que se han acoguido de forma voluntaria a salir del poblado mientras que otras 28 deberán acatar la resolución judicial y están obligadas a abandonar Son Banya. Serán desalojadas a partir de septiembre cuando los juzgados dicten las correspondientes órdenes de lanzamiento.
"Tienen que entender que hay una resolución judicial", ha insistido el alcalde, que ha recordado que el proceso continuará con otras 72 familias hasta completar en dos años y medio el derribo de las 117 casas del poblado. "En 2020 no habrá Son Banya", ha remarcado.
El alcalde ha recordado que todos los grupos políticos municipales respaldan el plan de desmantelamiento del poblado que, además de responder a un proceso judicial, que coinciden en la necesidad de dar alternativas a los 190 niños que actualmente viven en malas condiciones en un asentamiento en el que se concentra buena parte de la venta de droga de la capital balear.