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Podemos parece imparable

viernes 31 de octubre de 2014, 18:33h

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La formación que encabeza Pablo Iglesias se está convirtiendo en todo un fenómeno sociológico, ya por encima de los estrictos análisis políticos. Las últimas encuestas  sitúan Podemos en una posición de privilegio que dentro de un año la pueden convertir en alternativa clara de Gobierno. Jamás se había visto nada igual en España. Una formación de nuevo cuño, de base ideológica leninista, que está desarrollando de cara a los ciudadanos un neopopulismo regeneracionista y revolucionario, está consiguiendo adeptos de una manera imparable.

Solamente en países en vías de desarrollo o directamente subdesarrollados, como son algunos Estados latinoamericamos que han virado hacia la izquierda radical, se han vivido fenómenos semejantes. En la actual Europa del euro, y exceptuando a la desgraciada Grecia, este viraje hacia el izquierdismo subido de tono es un fenómeno nuevo y altamente preocupante. Recuerda épocas pasadas que producen escalofríos.

Iglesias, que como buen leninista escolástico sabe que los aciertos tácticos son fundamentales, está lanzando mensajes hacia las clases medias españolas pidiéndoles su apoyo. No quiere asustar, sino sumar, en su objetivo estratégico de alcanzar el poder a cualquier precio. Ya se ve ganador.

Tres factores explican Podemos.

El primero es la crisis económica y las duras recetas de austeridad aplicadas por el Gobierno Rajoy para atajarla. No tenía otro remedio, pero ha propiciado la expansión de un movimiento radical nacido con el 15-M y que ya obtuvo un cierto aliento por parte del Gobierno Zapatero cuando buscaba apoyos debajo de las piedras para frenar al PP y permitía que las plazas se llenasen durante semanas de contestatarios.

El segundo factor es que el actual termómetro de la corrupción en España se ha salido de madre. Los constantes escándalos, que afectan sobre todo al PP de Madrid pero que también salpican al PSOE, son ácido sulfúrico para una sociedad que ha padecido muchísimo en los últimos años. Los ataques a la casta desarrollados por Podemos han surtido efecto.

Pero el más preocupante es el tercer factor. ¿Cómo es posible que el enjambre de cadenas de televisión radicadas en Madrid y con influencia en todo el Estado hayan sido capaces de convertir a Pablo Iglesias en mucho más que una estrella de cine, paseándolo ante las cámaras a todas horas y dotándolo de una popularidad  jamás vista en un político recién salido del cascarón?

La única explicación a este fenómeno mediático es que han habido intereses oscuros para potenciar Podemos con un objetivo claro: restarle todos los votos posibles al PSOE para empujar al partido de Pedro Sánchez a una coalición con el PP tras las próximas generales, ya que parece evidente que Rajoy perderá la mayoría absoluta. El secreto táctico del éxito de Podemos está en sus constantes diatribas diciendo que jamás pactará con los socialistas y que PP y PSOE son lo mismo. ¿A quién beneficia este discurso leninista tan corrosivo para la socialdemocracia moderada?

Algunos aprendices de Maquiavelo se creyeron que si potenciaban Podemos hacían un gran favor al PP, que se podría mantener en el poder el 2016 pese a perder la mayoría absoluta. Quienes así han actuado y han hecho crecer a Iglesias no sólo se han equivocado de medio a medio, sino que han inyectado hormonas mediáticas a un dinosaurio que muy pronto será imposible de controlar.

Ese es el poder de Podemos: una sociedad hastiada por la austeridad y los escándalos de quienes la predican, una clase media dolorida y golpeada y un descomunal apoyo televisivo interesado a un supuesto elefante blanco que les iba a servir para parar al PSOE y que se les ha convertido en un macro mamut digno de El Señor de los Anillos.

Ahora mismo, el equilibrio politico surgido de la Transición está en peligro, gravemente herido. Hará falta mucha visión de Estado para recuperarlo. Y tal vez ya sea demasiado tarde.