La pandemia del coronavirus ha supuesto cuantiosas pérdidas para las empresas de servicios turísticos. Todas ellas se suman a la larga lista de perjudicados por la crisis económica y buscan soluciones que les permitan, no ya incrementar sus debilitadas cuentas de resultados en una temporada que se da por perdida, sino asegurar su viabilidad para los próximos años.
Uno de estos casos es el de los concesionarios de los servicios de playa, que incluyen limpieza, hamacas, sombrillas y tumbonas. En el caso de Platja de Palma, el concesionario del servicio ha planteado al Ayuntamiento prorrogar dos años más la concesión para compensar el raquítico resultado de este verano. La empresa Mar de Mallorca ha cubierto el servicio durante la corta temporada y, a cambio, no ha reclamado ni más dinero ni exenciones de tasas o impuestos, sino una ampliación de la concesión durante otros dos años.
Transcurridos tres meses sin respuesta municipal no descartan, ahora, recurrir a la vía contencioso-administrativa para lograr la prórroga. El silencio administrativo dice mucho de las intenciones de los responsables de Cort al respecto; o cuando menos, sobre su falta de interés a la hora de apoyar a quienes han apostado por mantener unos mínimos servicios para los visitantes que eligieron la más significativa zona turística de las Islas mientras hubo una cierta actividad.
Es necesaria una mayor sensibilidad por parte de las instituciones, especialmente ante quienes por responsabilidad y para apoyar la entonces incipiente llegada de turistas, decidieron cubrir el servicio. La justa compensación sería atender su reclamación y comunicarlo, además, con celeridad, sin prolongar la callada por respuesta que en este caso ha aplicado Cort. Hacerlo no evitará la crisis económica ni devolverá los recursos perdidos, pero aportará un horizonte de tranquilidad para las actividades de estos concesionarios de servicios públicos en los años venideros.