Més per Mallorca ha presentado una denuncia en la Fiscalía para que se investiguen las pintadas en las esculturas del alcalde republicano Emili Darder y la sindicalista Aurora Picornell. La formación de Antoni Noguera considera los ataques como presuntos delitos de odio -por humillación hacia las víctimas del franquismo-, con el agravante de haber sido causados sobre bienes de titularidad pública.
Habrá que esperar para saber si la Fiscalía encarga a la Policía una investigación sobre estos hechos. En todo caso, el vandalismo contra las citadas estatuas se ha producido días después de las pintadas aparecidas en el monumento a Antoni Maura y la misma semana en que muchas fachadas de la capital amanecían llenas de grafitis reclamando la libertad del rapero Pablo Hasél. Y es que utilizar fachadas y espacios públicos de Palma como lienzo para todo tipo de pintarrajos y proclamas se ha convertido, desde hace ya algún tiempo, en una práctica demasiado habitual. Arca lo viene denunciando hace años, pero el incivismo no se ha detenido, convirtiendo a Palma en una de las ciudades más afectadas por esta plaga.
El ayuntamiento de la capital tiene responsabilidad directa para eliminar las pintadas en los espacios de titularidad pública. Así lo hizo al actuar rápidamente al eliminar los chorretones y pintadas de la estatua del exacalde Darder, mostrando una diligencia que no se produce en todos los casos y que es inexistente cuando los grafitis vandalizan edificios o propiedades de propiedad privada.
Cort alega la falta de amparo legal para actuar directamente en estos casos. Y es cierto que ha abierto líneas de ayuda para que los particulares puedan sufragar el coste de la limpieza subvencionados en buena parte por las arcas municipales. Pero todo parece poco cuando, con intenciones políticas o sin ellas, miles de pintadas siguen presentes -a veces durante años- en multitud de estructuras de la ciudad, desde edificios, paradas de autobús, señales de tráfico, buzones, papeleras, bancos, árboles o cualquier soporte al alcance de un gamberro con un spray de pintura.
Atajar este vandalismo debe ser un objetivo de todos los ciudadanos, pero sobre todo de quienes tienen la responsabilidad de la gestión pública, aplicando sanciones o actuando judicialmente en todos y cada uno de los casos.