Lo advertí hace unas semanas cuando les comentaba la ocurrencia del Museo de Ciencias de Londres en condenar a los cubos LEGO de heteronormativos y LGTBIFÓBICOS.
Así, los niños y niñas del mundo, más allá de aprender a distinguir colores, dominar los volúmenes, practicar su capacidad prensil y dar un respiro a los padres (porque el efecto LEGO, es mágico) aprendían tempranamente las maldades de la especulación inmobiliaria construyendo casitas o lo que sea, pero sobretodo, y lo más importante, la dimensión erótica del juego y las muchas posibilidades de entender el hermafroditismo que supone que una misma pieza puede ser donante como tomante, en una interminable orgía en forma de casa, coches, y lo que se le ocurra al infante uniendo piezas.
Si ya era difícil hacer un regalo al retoño de una pareja cancelacionista para no ofender las sensibilidades paternas, ya sean biológicas o adquisitivas (es decir adoptivas) y el LEGO se planteaba como la solución neutra, las familias Queerly inglesas lo han puesto más difícil todavía. Es como saber que regalo haces en una comunión laica de las de aquí. Yo en la última, regalé un conjunto de braguitas, liguero y sujetador de la colección Baby Boom de Intimissimi y que luego los papás tengan suerte que el /la canguro no sean unos guarretes.
Los padres Queer, no pueden renunciar al LEGO tan fácilmente. Como decía antes el efecto sedante que provoca en la criatura el proceso creativo es inestimable y que sólo se altera cuando el perro o el niño se intenta meter una de las piezas en la boca o cuando se pisa descalzo las piezas olvidadas. En este caso, le diré que ponerse zapatos en casa no es nada raro, incluso recomendable para no trasladar al calzado la mierda y la pelusa que acumula el suelo en los calcetines.
En ese articulo advertía que si los museos ingleses pueden ser imaginativos en esto del relato, los nuestros no les van a la zaga. Empiezo a vislumbrar pues, verdadera la estrategia del Enfant Terrible de la Place du Roi. Con las cosas que se ha inventado en estos meses en la museística española, es fácil estirar los conceptos como un chicle, transformándolos de un mal sueño, en un eterno delirium tremens, pero advierto. No todo sale bien.
Vemos pues que la supuestamente revolucionaria y exitosa iniciativa con el tour planteado en el museo del Parado bajo el sugerente titulo “ Nuevas Masculinidades”, no ha funcionado. En cuatro años sólo ha conseguido 758 visitantes. Con un coste de 6.200 euros, se han organizado únicamente 154 sesiones de este tour.
Y verdaderamente es una lástima, ya que durante el recorrido, se pretende guiar a los visitantes, y cito: a través de la visión histórica del concepto de lo masculino, enfrentándoles a modelos sociales tanto dominantes como alternativos que les invitan a poner en duda estereotipos como identidad, las emociones, el poder, la vulnerabilidad o la violencia.
El Museo del Prado ha impulsado más guías interactivas como “Las otras”, en la que se revisan temas como la, no normatividad o la imagen de las mujeres fuera del prototipo femenino de su época. Aspectos desconocidos y que han supuesto una auténtica revolución entre las nativas Hausa de Nigeria o Cham de Vietnam, invitadas a la inauguración.
También se pueden explorar los diversos modos de representación de la «otredad» (Condición de ser otro o diferente) presentes en el arte del Prado, a través del tour “Diversidad y disidencia”. Este tour, ya es droga dura y solo para conoisseurs de la pedagogía crítica y relato conductivista, aviso.
Otro tour muy celebrado ha sido “Nunca fuimos niñas”, forma en la que la niñez se retrató en las pinturas, con especial énfasis en la inocencia y las cuestiones éticas sobre la representación infantil, la educación, los cuidados o la feminidad, donde el visitante no debe confundirse y pensar que a todas nuestras niñas del siglo XVIII , también las besaban sin consentimiento, como a Blancanives o la Bella Durmiente, y que no todas jugaban a futbol.
El fracaso de los Tours del Prado me sugiere tres cuestiones: Primero. Los guías del Prado no tienen la fluidez de lenguas necesarias para traducir Otredad, Normatividad, disidencia, o las otras. También podría ser que el visitante sólo venga a ver pintura clásica, y no para flipar ante semejante diarrea mental. Y es que el gafapasta celtibero, cuando se pone a elucubrar, lo borda.
Dos. Los grupos de visitantes japoneses que no se enteraban a donde iban cada vez son más reducidos, y los otros, van a tiro hecho: Meninas, las Lanzas, las Majas y los fusilamientos del Dos de Mayo. Teniendo en cuenta que luego visitarán los tours del Thyssen y del Reina Sofia, es abusar del pobre visitante que precisamente viene a que no les calienten la cabeza con las mismas majaderías que ya sufren en sus países.
Tercero, las comisiones de los guías por traer turistas al museo han disminuido y sigue resultando más rentable llevárselos al Corral de la Pacheca, comer bocadillos de calamares al Diamante, o ir a Loewe o a la nueva tienda Majorica de Serrano que es de lujo.
Ninguno de los Tours propuestos por el Prado supera al británico acerca del hermafroditismo LEGO y en la que se aparean blancos, rojos, amarillos, azules, negros y verdes indistintamente, reconociendo que Wokismo sutil y sin paliativos.
Su sugiero que el siguiente Tour sea una experiencia inmersiva por las antiguas comisarías franquistas bajo el titulo: “Vagos y maleantes: Negando la Otredad” o que se ponga en marcha un Tren de la Bruja con todas las momias y restos humanos del museo Antropológico, bailando el Carmina Burana de Carl Hoff.
La cuestión es que ahora, ni de los trenes se fía la gente.
Jorge Llopis Planas
Director de Pecados del Arte.com