Esta ley trans que ha aprobado el Gobierno permite a las personas cambiar su género simplemente con una declaración expresa. La ley vigente, de 2007, lo permite sin necesidad de cirugía, pero exige un informe médico o psicológico y dos años de tratamiento hormonal.nos tendría que preocupar fundamentalmente la idea de pensar que el género se elige sin más que la mera voluntad o el deseo.
Una importante rama del feminismo radical ha visto en la llamada autodeterminación de género un enorme paso atrás para muchos de sus pretendidos derechos y de sus reivindicaciones. Y ante este paso atrás han decidido movilizarse y defender sus posiciones pese a las críticas feroces de gran parte del movimiento queer, que lo primero que hizo es etiquetar a ese feminismo con un término denigratorio. Cualquiera que debata sobre la autodeterminación de género es Terf (Trans-Exclusionary Radical Feminism). Todo este dilema se presenta viciado desde el inicio porque plantearse si la sexualidad tiene una raíz biológica o psicológica, o ambas, no tiene nada que ver con respetar a las personas o defender los derechos de estas, sean trans o no lo sean. Y después negaran una auténtica lucha de sexos que no de clases .
Este feminismo radical mantiene que rebajar la identidad sexual a un simple deseo o voluntad significa entrar en un resbaladizo terreno que puede lesionar los derechos de muchas mujeres, de los menores, de las personas gais y, al final, de las propias personas trans y de toda la sociedad. Bienvenidas al sentido común. Ya era hora
Esta nueva normativa puede perjudicar a las mujeres en cuestiones como las cuotas laborales, el deporte, la seguridad o la anulación de su protección. Basta pararse a pensar en competiciones deportivas donde se enfrentarán mujeres y personas trans en igualdad de condiciones, o en algunas profesiones tradicionalmente masculinas donde las mujeres han entrado con mucho esfuerzo . En cuanto a la violencia de género, una importante lucha del feminismo se diluye si en la ecuación se prescinde de la variable del sexo.
En cuanto a los menores, el daño que puede hacerles una ley que anula el sano desarrollo de su personalidad sin estereotipos de género, que les patologiza desde los 12 años o que permite hormonaciones y mutilaciones. Es decir, las consecuencias que puede tener para los menores una ley que les utiliza como piezas de una compleja ingeniería social, son tremendos e incalculables. Y, de hecho, es el punto de la ley más discutido y que más rechazo conlleva en muchos sectores de la sociedad. Tal y como está redactada, la ley permitirá que los menores, a partir de los 16 años, cambien de sexo sin el consentimiento de sus padres. Un proceso que puede tener consecuencia para toda su vida
Incluso esta ley puede perjudicar especialmente a las personas trans, pues, al situar el género en una construcción voluntaria, el texto afirma que cualquier persona es trans –o puede serlo en algún momento de su vida–, niega la disforia de género y rechaza la posibilidad de que profesionales les evalúen con garantías.
La posibilidad de que quien no se sienta identificado con ningún género pueda acogerse al llamado tercer sexo: neutro o no binario conllevará la necesidad de importantes cambios legales, sociales, políticos y estadísticos que habría que estudiar para que no colisionaran con los derechos de la mayoría que sí se siente hombre o mujer.
Lo más razonable para todos sería que esta ley no prosperase en el Congreso en bien de la seguridad jurídica de todos y en especial de los menores.