El futuro de la movilidad en Mallorca depende en buena parte de las negociaciones que se desarrollan estos días para alcanzar un acuerdo de gobernabilidad en el Consell. PSIB, Més y Podem han acordado eliminar una serie de proyectos viarios de cara a cerrar las conversaciones que determinarán el programa y el reparto de poder de la institución que, con toda seguridad, presidirá la socialista Catalina Cladera.
Los proyectos eliminados sumarían unos veinte; entre ellos, los desdoblamientos de Andratx, Manacor, Sant Llorenç, Cala Blava, Son Bugadellas o la construcción del tramo quinto de la Via Conectora, que debería cerrar el segundo cinturón de Palma entre la autopista de Inca y Son Sardina.
Se trata en todos los casos de infraestructuras largamente reivindicadas por los vecinos y usuarios que circulan por estas zonas. Sin embargo, el impacto que puede tener no hacerlos es desigual. Así, renunciar a alguno de los desdoblamientos citados podría tener un efecto limitado en una zona concreta, pero no acabar el segundo cinturón de Palma conllevará un gran perjuicio a la circulación de la Isla, especialmente en la solución de la congestión que sufren los accesos a Palma.
Este tipo de obras de interés general no deberían ser objeto de pujas políticas previas a la constitución de un gobierno, sino aprobarse por mayoría en la cámara en la que están sentados los representantes de todos los ciudadanos. En su afán de satisfacer a los futuros socios -en esta fase de negociaciones-, el PSIB puede acabar haciendo concesiones a una minoría que resulten contrarias a lo que demanda una mayoría de ciudadanos.
La Via Conectora podría acabar siendo un triste ejemplo de este tipo de transacción política. Acabar el segundo cinturón es una necesidad; para reducir atascos, ganar tiempo en los desplazamientos, aumentar la seguridad, tener más competitividad y justificar lo mucho que se ha invertido en los tramos ya construidos y que quedarían, en parte, inutilizados si la obra no se completa en su conjunto.