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La turismofobia vuelve a marcarse una cita

sábado 31 de marzo de 2018, 00:00h

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La Estación Marítima de Palma será escenario, el próximo día 8, de una manifestación en contra de la llegada del crucero Symphony Of The Seas. La acción ha sido ideada por la plataforma "Fins aquí hem arribat, aturem la massificació turística", de la que forma parte significativa la entidad ecologista GOB. La plataforma ha elegido la primera llegada a Palma de uno de los cruceros más grandes del mundo como ejemplo de una actividad que consideran paradigma de la masificación turística, la contaminación, el suicidio cultural y la explotación laboral. Con todas sus letras.

En cierta forma puede ser previsible, pero no deja de sorprender el esfuerzo de los ecologistas, y sus entidades afines, en mostrar el turismo como el origen de todos los males que pueda tener nuestra comunidad. En su manifiesto, la citada plataforma ataca a los hoteleros, al sector inmobiliario... y acaba relacionándolo todo con el franquismo. Qué tipo de sociedad quieren o qué modelo económico persiguen son cuestiones que no recoge su manifiesto más allá de una infantil mención al autoabastecimiento que suena a chiste en el mundo global en que nos encontramos.

Aunque su movimiento sea anécdótico en términos cuantitativos, que plataformas como la citada sigan lanzando mensajes contra el turismo puede tener consecuencias desastrosas para el sostenimiento económico de las islas, incluida una solución óptima para los problemas de progreso social, vivienda y medio ambiente que ellos mismos reclaman. Sin progreso económico es imposible avanzar.

Las grandes ferias turísticas celebradas este invierno mantienen buenas expectativas en cuanto a número de visitantes para Balears, pero también expresan el convencimiento de que los destinos competidores se están recuperando. Esta misma Semana Santa, Ibiza y Palma arrojan buenas cifras de turistas, pero que Menorca esté al 15 por ciento de ocupación ha sorprendido a todo el mundo. La economía puede resultar un fenómeno demasiado sensible y volátil como para arremeter frívolamente contra el que es un modelo consolidado y de éxito.

Acciones como la del próximo día 8 sitúan a sus convocantes más cerca de posturas antisistema que de aquellos que quieren mejorar el modelo actual. Ellos ya han superado los conceptos de reparto justo o sostenibilidad de modelo (en los que se siguen afanando políticos y empresarios) y arremeten directamente contra la llegada misma de turistas. Son caldo de cultivo para acciones como la que protagonizaron jóvenes activistas de Arran el verano pasado en el Port Vell de Palma y que ahora se juzga en la Audiencia Provincial. Entonces fue un asalto con bengalas y confeti en los restaurantes de la zona y algunos yates. Pero de seguir promoviendo este tipo de convocatorias es difícil saber hasta dónde pueden llegar sus organizadores; en todo caso, no es lo que comunidad ni sus habitantes necesitan.