Una de las consecuencias más importantes derivadas de la crisis económica ha sido el progresivo recorte de financiación por parte de las entidades bancarias. Se pasó de dar dinero a diestro y siniestro sin casi hacer preguntas y sin importar la nómina de uno, a no soltar un euro o hacerlo bajo unas condiciones leoninas.
La banca ha ido imponiendo restricciones a la hora de respaldar económicamente a ciudadanos y empresas y parece que la cosa no se va a quedar ahí. La Caixa ha recomendado a la banca aumentar los diferenciales cobrados en los nuevos créditos y elevar las comisiones para ganar rentabilidad. ¿Qué ha pasado con los miles de millones que inyectó el Gobierno de Zapatero a los bancos? ¿No se suponía que eran para que volviera a fluir el crédito?
El problema de endurecer las condiciones de acceso, por ejemplo, a una hipoteca con tipos de interés abusivos o de aumentar las comisiones es que al final el ciudadano, que no es tonto, contratará menos productos y la banca para ganar más tendrá que imponer condiciones aún más duras alimentando el círculo vicioso en el que estamos inmersos desde 2008.