Desde que comenzó la crisis económica los ciudadanos españoles nos hemos apretado en mayor o menor medida el cinturón para poder llegar a fin de mes. Son muchos los que han reducido gastos en su cesta diaria de la compra o han retrasado gastos como el cambio de coche, suprimido las vacaciones y ocio y eso los que aún tienen la suerte de tener trabajo.
Ahora, después de subir algunos impuestos y de aumentar el IRPF a partir de febrero con lo que el sueldo se va a ver reducido y con ello nuestra capacidad de consumo y de ahorro, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, pide un esfuerzo más a los ciudadanos y dice que “no será en vano”, pero ¿será el último?
¿Y, si en lugar de reclamar otro esfuerzo a los ciudadanos, empiezan por esforzarse ellos mismos? ¿Por qué no se plantean bajar los sueldos de los políticos, las dietas, eliminan asesores, las pagas vitalicias, regulan los salarios de alcaldes y concejales? ¿Por qué no se suprimen las subvenciones, las diputaciones y demás gastos superfluos? ¿Por qué no se lucha de manera efectiva contra el fraude fiscal?
Si se sigue apretando a los de siempre, corremos el riesgo de asfixiarnos.