España necesita de un socialismo fuerte, coherente, equilibrado, sensato y verosímil; el PSOE tiene que pasar por la oposición para reconstruirse a partir de bases que sean realistas, moderadas, nacionales y que ofrezcan un mensaje alternativo y progresista al del Partido Popular. La realidad a día de hoy es que se anuncia una lucha bastante poco enriquecedora entre dos bandos que hasta ahora convivían bajo el mandato surrealista del Presidente saliente: por un lado Carme Chacón, que tiene toda la pinta de que podría ser la puntilla para los socialistas (a la vez pacifista y militarista, nacionalista y centralista, todo y nada, sobre todo esto último) y un Alfredo Pérez Rubalcaba que es mil veces más competente que ella, pero que tiene unos principios tan maleables que son irreconocibles, que tanto está con González como con Zapatero, que ocasionalmente dice la verdad y que, tras la estrepitosa derrota electoral, como si nada, está dispuesto a seguir.
En España hay mucha gente socialista que es competente, que tiene ideas y capacidad, que podría devolver los análisis de este partido al ámbito europeo y sacarlo de un nivel casi chavista, plagado de simplezas y tópicos. Pero, para ello, es necesaria la apertura, que el partido deje entrar aire, que el aparato pierda un poco de control. Me temo que no será el caso y lo pagaremos todos.