Formado como arquitecto técnico en Barcelona y Londres, Biel Huguet está al frente de Huguet Rajoles Hidràuliques, ubicada en Campos, desde 1997. Encarna la tercera generación familiar enrolada en la empresa, constituida en 1933 y que hoy lleva sus productos y la marca Mallorca a las principales capitales del mundo. Con 50 años, Huguet está casado y tiene dos hijos. Entre sus aficiones están fútbol, cine, música y... ¡la política!
¿Cómo definiríamos a Huguet Rajoles Hidràuliques?
A día de hoy es una empresa básicamente innovadora, que apuesta por la tradición. O que innova a partir de la tradición. Son dos fundamentos paralelos, pero muy necesarios en nuestros días. Tenemos una tradición, y eso es algo muy importante, pero la tenemos que poner al día, a través de la innovación. Si no lo hiciéramos, no funcionaríamos.
¿Cuáles han sido los puntos de inflexión en la evolución de la empresa a lo largo de casi 90 años?
Nuestra historia como empresa ha evolucionado mucho. Visto en perspectiva, esos 90 años han vivido cuatro Mallorcas muy distintas. Es decir, nuestra empresa ha ido evolucionando al ritmo que lo ha ido haciendo la propia sociedad. Suelo decir que se puede explicar la evolución de Mallorca en el siglo XX a través de la baldosa hidráulica.
Hay una primera etapa con mi abuelo al frente. Eran los años treinta, cuando Mallorca tenía una economía medieval (simplificando y provocando un poco, lo admito) que apenas había cambiado nada en 700 años: todo era muy antiguo; al haberse descubierto el cemento se hacían muchas cosas con él. Al morir mi abuelo joven, tomó las riendas de la empresa mi padre, también a muy corta edad. En los años sesenta, setenta y ochenta, él asiste a la Mallorca del boom turístico, con la ruptura con la arquitectura tradicional: por tanto, todo el mundillo de baldosas, picas, escaleras, que se hacían de terrazo, desaparece. ¿Por qué? Con el boom turístico, por capacidad de producción, por precio, por estética y por ‘nuevoriquismo’, toda la arquitectura tradicional mallorquina pierde todo su protagonismo de siglos y siglos, porque a nadie interesaba. A partir del boom, interesaba una subrama del mundo del cemento, que eran las vigas y los bloques de hormigón. Cabe decir que mi padre, Damià Huguet, fue un poeta relativamente conocido, cuyo interés principal estaba en el mundo de la cultura y la poesía. La empresa no era su prioridad.
“A lo largo de más de 90 años, nuestra empresa ha ido evolucionando al ritmo que lo ha ido haciendo la propia sociedad”.
Tras su muerte, yo tomé el relevo en 1997, tras haber estudiado en Barcelona y en Londres. En ese momento, iniciamos una tercera etapa, que consistió en la recuperación de la arquitectura tradicional. Yo hago muchas charlas por el mundo y explico que ahora Barcelona es una ciudad muy turística, pero antes de las Olimpiadas de 1992 no era tanto así: recibía visitas de japoneses que querían ver la obra de Gaudí. Quiero decir con ello que se empieza a hablar de rehabilitación, de recuperar el modernismo... En ese contexto, yo regreso a Mallorca y me propongo recuperar la arquitectura tradicional, la rehabilitación. Esa fue mi idea inicial: hacer arquitectura tradicional para un mercado local, y me refiero a Mallorca y Barcelona.
Podríamos fijar una cuarta etapa, en la que a través de la innovación podemos evolucionar e ir más allá, de modo que ahora hacemos contemporáneo internacional. Lo local ha pasado a internacional y lo tradicional a contemporáneo. Para ello, hemos tenido que innovar mucho desde el punto de vista técnico y estético.
¿Cómo se conjuga artesanía y tecnología? ¿Casan bien ambos conceptos?
Sí, claro que sí. A mí me gusta pensar que lo que hacemos nosotros es aportar nuestra singularidad, con un producto -la baldosa hidráulica y el terrazo- que es muy mediterráneo, muy mallorquín. Desde esa singularidad, hacemos una arquitectura más rica. ¿Qué aportamos al mundo? En una época en todo es producto estándar (Leroy Merlín, Ikea...), aportamos esa singularidad de la que hablaba. Pero es una singularidad que debemos actualizar, no podemos estar fabricando baldosas de la casa de la abuela, para entendernos, sino que debemos aprovechar el conocimiento que tenemos para evolucionar, ponernos al día. Ese es nuestro gran reto. Todo conlleva mucho esfuerzo y todo cuesta mucho, en Mallorca aún más, porque hace décadas que la industria está abandonada en la isla. En los últimos años ha habido algo de apoyo, pero es una lucha muy solitaria.
“En nuestro caso, lo local ha pasado a internacional y lo tradicional a contemporáneo. Para ello, hemos tenido que innovar mucho desde el punto de vista técnico y estético”.
¿Está satisfecho de los resultados conseguidos?
Modestamente, es cierto que nos hemos introducido en las principales capitales del mundo, y vamos haciendo obras muy importantes en varios países. Pero a eso no se llega de un día para otro, sino que -como decía- conlleva mucho trabajo, porque además cabe considerar que cuando me incorporé a la empresa hace 25 años esta se hallaba casi parada en ese aspecto. Todo ha costado mucho, en definitiva, y sigue costando porque nuestro entorno no ayuda.
¿Cuándo entró en la empresa hace 25 años esperaba situarla dónde está hoy?
Suelo explicar que al acabar mis estudios en Londres, en 1996, pensaba que haría arquitectura local, rehabilitación y demás. Pero cuando ahora, transcurridos 25 años, observo todo lo que he hecho (trabajar con los mejores arquitectos del mundo, hacer muebles para Nike, reciclado de zapatillas de esa marca; ser reconocidos por Pentagram -referente mundial del diseño-, conseguir premios FAD en ese ámbito: en los últimos años somos la empresa española con más premios FAD), pienso que no lo hubiera imaginado nunca. Si fuera ahora, muchas cosas de las realizadas a lo largo de esos 25 años las hubiera hecho de forma distinta, pero no reniego de nada de lo que he hecho. El hecho de equivocarse permite aprender, sobre la base de tropiezos también se aprende... Lo que yo reivindico por encima de otros valores es la experiencia.
“Siendo presidente, Obama visitó el restaurante de su amigo José Andrés en Washington y pisó nuestras baldosas. Utilizamos esa historia para un vídeo promocional”.
Lo cierto en cualquier caso que Huguet está presente en grandes capitales del mundo y en la agenda de arquitectos de prestigio internacional...
Es cierto que trabajamos para grandes diseñadores, grandes arquitectos (Norman Foster, entre otros), lo cual ayuda a darnos difusión y visibilidad en el mundo. Es un orgullo, claro que sí. Me gusta explicar que nosotros hacemos algo más que baldosas. No vendemos solo baldosas, vendemos una historia: significa que son piezas hechas a mano, que tiene a un hombre detrás, son piezas que -como comentaba- buscan la singularidad, cada pieza es única, fruto de una tradición mediterránea, centenaria. Hablamos de piezas que tienen carácter. Eso, combinado con el diseño, nos da una diferenciación para hacer cosas especiales para quien sepa valorarlas. Con otro componente adicional a considerar: fabricamos en Mallorca, en Campos, piezas que llegan a cualquier rincón del mundo. De hecho, grabamos un vídeo promocional con mi abuela en el que contábamos que en el restaurante de José Andrés de Washington están nuestras baldosas. Y al ser José Andrés amigo de Obama, cuando Obama era presidente, le visitó y pisó esas baldosas nuestras. Hechos como este nos motivan e incentivan para seguir trabajando. También nos refuerzan en la idea de que hacemos algo que tiene un sentido: conseguir mantener viva nuestra tradición, ponerla al día, colocarla en el mundo y con ello mantener vivo el sector productivo en Mallorca nos llena, es un plus.
El coste de las materias primas se ha disparado en los últimos tiempos. ¿Hasta qué punto les afecta?
No tanto. La materia prima para nosotros no tiene un coste demasiado elevado. Nuestra materia prima es básicamente grava, polvo de mármol y cemento, y la obtenemos tanto de Mallorca como de la península. El coste principal para nosotros es la mano de obra, constituida por una plantilla de 40 trabajadores.
El aumento en los precios de la energía sí les debe haber afectado...
Tampoco mucho. El cemento no necesita cocción, de modo que nosotros la mayoría de la energía que empleamos es manual. Si fuera cerámica, que requiere cocción, sería cosa distinta. Lo que sí se ha encarecido, obviamente, es el transporte, y nosotros estamos orientados a vender fuera de Mallorca: dos terceras partes de nuestra producción se van fuera de la isla. De hecho, una tercera parte se queda en Mallorca, otro tercio se va a la península y otro tercio llega al extranjero. Dicho esto, también diré que al apostar nosotros por diseño, por valor añadido y por producto de calidad, este incremento de precios no es irrelevante pero tampoco es significativo. No soy partidario de hacer victimismo.
“Para mí, sostenibilidad son baldosas que duran 200 años; también lo es la Seu, que tiene 700 años y durará otros 700; lo que no es sostenible son esos tour-operadores que obligan a reformar un hotel cada cinco años”.
Aludía anteriormente a la situación de la industria en Mallorca...
Llevamos 40 años perdiendo constantemente industria, y con ello perdemos oficio, perdemos conocimiento. Esa uniformización, esa globalización que se lo come todo hace que, en muchos ámbitos, todo sea estándar, todo sea igual... Aquí, además, como no ha habido durante décadas apoyo a la industria y, en cambio, se ha apostado por lo fácil, que era turismo y especulación urbanística, se hace mucho más difícil levantar o revertir la situación.
¿Qué reivindicación plantearía usted a los políticos en este sentido, como empresario industrial?
Nosotros ya hace mucho tiempo que reclamamos más apoyo a la industria o más apoyo, en particular, a la innovación. Se han hecho avances, y este Govern, con el conseller Yago Negueruela, introdujo algunas ayudas para la industria, pero hay que ser mucho más ambiciosos y con la mirada puesta en el largo plazo. Hay mucho daño hecho y conseguir revertir -ni que sea un poco- la situación de nuestra industria para hacerla competitiva no es fácil. Hay mucho trabajo que hacer. Falta más valentía y decisión.
Su apuesta por la sostenibilidad es un signo de identidad de la empresa.
La sostenibilidad liga con lo que comentaba acerca de producir algo más que una baldosa. Debemos ir todos hacia un mundo sostenible, y nosotros creemos en ello. Además, nuestro cliente principal está en la Europa Occidental, en países donde apuestan decididamente por la sostenibilidad. Para mí, sostenibilidad son baldosas que duran 200 años; también lo es la Seu, que tiene 700 años y durará otros 700; lo que no es sostenible son esos tour-operadores que obligan a reformar el hotel cada cinco años. Si podemos utilizar material reciclado, si compensamos el CO2 que generamos, contribuimos a dar más valor a nuestro producto. Nosotros queremos ser lo más sostenibles posible, y nuestros clientes también nos lo demandan.
“Hace décadas que la industria está abandonada en la isla. En los últimos años ha habido algo de apoyo, pero es una lucha muy solitaria”.
¿Qué países son los que más saben apreciar el producto de Huguet?
Hay países en los que el nivel de arquitectura que se hace, por un tema cultural y/o económico, propicia una mayor conexión con nosotros. Estoy pensando en Dinamarca, Suiza, Países Bajos, Londres... Es gente que valora los oficios, que valora las cosas hechas a mano, las piezas únicas y de calidad. El mundo es muy amplio, pero nuestro mercado va hacia ahí.
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