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Ni el PP ni nadie se puede escudar en los nazis

lunes 12 de mayo de 2014, 19:25h

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El lógico el malestar del PP porque la oposición exija el listado de las empresas que contratan con el Govern tras haberse conocido el listado de las firmas colaboradoras con la Tarjeta Blava del PP. Es comprensible que haya preocupación dentro de esta formación por si hay movimientos de boicot provinientes de militantes de la izquierda hacia estos establecimientos comerciales.

Pero aunque obedezca al sentido común esta actitud del PP, que cree que no ha hecho nada reprochable, de la misma manera es preciso afirmar que está fuera de lugar el calificativo de "nazis" empleado por la portavoz Mabel Cabrer. Es una afirmación demasiado exagerada, incluso histérica, que no favorece en nada los argumentos del PP en favor de la Tarjeta Blava de descuentos a sus militantes.

Cabrer se ha apoyado en las estrellas de David que los nazis pintaban en las puertas de los comercios de los judíos durante los años treinta, incitando a la gente a que no entrasen en ellos. Era el paso previo a la brutal detención de estas personas por el mero hecho de ser judíos, su internamiento en campos de concentración y su exterminio. Cuando se los llevaban los negocios pasaba a ser ocupados por alemanes arios, alentados por el poder. Era la expropiación más brutal, acompañada del inhumano y lento asesinato de los propietarios. En estos campos de exterminio también perecieron miles y miles de militantes de izquierda por el solo hecho de serlo. Algunos de sus dirigentes fueren ejecutados al hacha, degollados como en la Edad Media. Fue el capítulo más terrible y vergonzoso del siglo XX. Millones de judíos perdieron la vida.

Desde el respeto a los posicionamientos de Cabrer al defender que unos descuentos comerciales a sus militantes no es financiación ni donaciones encubiertas a su partido, cualquier apelación a los nazis sobra por desproporcionado y contraproducente. La democracia es la democracia y los que quisieron destruirla fueron vencidos y borrados de la Historia. Cualquier apelación al nazismo quita muchas razones al que lo utiliza. Le resta razones.

Los políticos han de saber contestar con solidez cultural y con calidad expositiva, no con palabras que demuestran un conocimiento muy superficial y peliculero de los argumentos que se aportan.

Apelar al nazismo es un error de bulto. Roza la insensatez. Cabrer, desde su excelente formación jurídica, podría haberse basado en tesis mucho más serias y propias de un Estado de Derecho.