Los cinco años transcurridos desde que se aprobó el mayor paquete de ayudas de la historia, los Fondos Next Generatión por un mareante total de 725 mil millones de euros (80 mil millones para España, más otros 83 mil millones adicionales en préstamos). Recordemos que su objetivo era doble, pues se tenían que dedicar a inversiones de mejoras en infraestructuras y modernización del tejido empresarial, al tiempo que facilitar las reformas legislativas que permitieran cambiar la estructura productiva de los países. En definitiva, transformar la economía para alcanzar una productividad similar a la de nuestros competidores.
Sin embargo, los resultados ya pueden ser calificados de decepcionantes, aunque, evidentemente, la propaganda oficial, -financiada con abultadas partidas de los propios fondos-, tratará de convencer al público de lo contrario. También lo hará alguna gran empresa multinacional lobista beneficiada, así como algún sempiterno buscador de rentas.
Puede ser que algún regidor así mismo los defienda, pero hay que tener en consideración los efectos perversos o no deseados, las consecuencias no intencionadas, que obsesionan a los economistas teóricos. La principal proviene del corrimiento producido en las cuentas públicas hacia los gastos corrientes permanente, ya que las partidas propias dedicadas a la inversión se han podido reducir notablemente con la llegada del “maná” europeo. Un mal que aflorará con fuerza tan pronto dejemos atrás las fechas límite de recepción.
El mero hecho de que, a día de hoy, existan dudas tanto sobre las cantidades empleadas como sobre el destino de las mismas constituye un potente indicador de su falta de efectividad. Y por si esto último no fuera suficientemente grave, como mínimo, ya están confirmadas tres de las debilidades anticipadas por muchos analistas entre los que me encuentro: la limitada capacidad administrativa para absorber un volumen tan elevado de recursos; los errores de planificación que han obligado a realizar múltiples modificaciones y correcciones; y como no, las distorsiones provocadas por la utilización política de cantidades tan ingentes. El resultado es que los problemas sociales y económicos son los mismos de hace un lustro, aunque tal vez alguno agravado como puede ser el de la vivienda o el de la contención de la marginalidad y exclusión social.
Lo increíble es que la utilización política tampoco les ha servido a los actuales dirigentes para mantener sus niveles de poder, pues el número de euroescépticos aumenta, no sólo entre la población de los distintos países miembros, sino también entre sus representantes. La actual Comisión Europea, presidida por Von Der Leyen, es la que cuenta con menor respaldo para el nombramiento. De hecho, la fragmentación política alcanzada en el conjunto de la Unión pone en cuestión, de forma bastante evidente, el poder seguir avanzando en la llamada agenda europea. Mientras que en nuestro país Pedro Sánchez no puede convocar elecciones, a pesar de su precariedad parlamentaria, porque sencillamente las perdería. Dicho de otra forma, han fallado incluso en su utilización clientelar torticera.
Por supuesto, los fondos han supuesto un incremento de la demanda agregada de los países receptores en un contexto de rigidez de la oferta como consecuencia de las abundantes y crecientes regulaciones, lo cual contribuye a las claras a alimentar los fenómenos inflacionistas. Y recordemos que la inflación dificulta el cálculo económico futuro y por tanto, y sobre todo, a la inversión que es la palanca de la transformación pretendida.
En nuestro país, las reformas estructurales necesarias más relevantes, como puede ser la reforma del sistema de pensiones, o la laboral, o la simplificación administrativa, etc. no se han podido realizar por no contar con gobiernos suficientemente serios y respaldados capaces de asumirlas y liderarlas. Los gobiernos populistas que suman partidos políticos perdedores suelen estar en las antípodas de la agenda marcada en los programas de la Estrategia de Lisboa acordada hace más de dos décadas.
De los PERTES que sirvieron para ilusionar a la población con la llegada de la lluvia de millones ya nadie habla. El más relevante hacía referencia al vehículo eléctrico, un estrepitoso fracaso palpable en nuestras calles. En este punto me puedo poner a mí mismo de ejemplo pues instalé un punto de recarga en casa hace más de dos años, y sigo sin noticias de la subvención que prometió la conselleria correspondiente. Así no nos puede extrañar que muchos alcaldes se hagan los remolones a la hora de aplicar las zonas de bajas emisiones porque, entre otras cosas, saben que con su diseño actual acabarán procurando más votos a los eurocéntricos; además de ser considerada por muchos como una medida claramente elitista.
Cómo decía más arriba, es cierto que se han realizado algunas inversiones por parte de algunas empresas preferentemente de gran tamaño. Sin embargo, el 55% de ellas declara que las hubiese realizado de cualquier manera, ya que tanto la digitalización, como la eficiencia energética son cuestiones obligadas en nuestros días. Desde luego, tal como cabía esperar, las empresas más beneficiadas son, como era de esperar, las de mayor poder de negociación con la administración, un beneficio empresarial que no tiene porqué llegar al ciudadano.
El diseño de los fondos incluía préstamos para la construcción de vivienda social. Sin embargo, la cifra de obra finalizadas durante este lustro resulta sencillamente patética. De hecho, en muchos lugares -como en Palma- los precios de los pisos se han incrementado en más de un 50% en los últimos cinco años. En materia de modernización de las Administraciones Públicas cualquiera que se enfrente al leviatán burocrático no tendrá necesidad de recurrir a los informes evaluadores del Banco de España para constatar el empeoramiento experimentado.
Por supuesto, el impacto macroeconómico de los fondos es considerable, ya que las cifras son de una magnitud desconocida hasta ahora, y la contabilidad nacional es básicamente eso mismo: contabilidad. Además, una tajada de los mismos se ha destinado a los medios de comunicación y propagandísticos más proclives, por lo que no podemos esperar que tengan mala prensa. Pero si analizamos bien el mismísimo informe Draghi, pidiendo más madera, o los 800.000 millones adicionales que ahora se quieren destinar un rearme que supuestamente tiene que disuadir a una Rusia que cuenta con ¡7.000 cabezas nucleares!, podemos concluir que estas nuevas propuestas son el reconocimiento del fracaso de los Next Generation.
Yo no me resisto a meditar, -haciendo ciencia ficción-, sobre el impacto de una hipotética reducción tributaria equivalente sobre familias y pymes. ¿Y ustedes?