OPINIÓN

El VAR como metáfora de España

Álvaro Delgado | Lunes 17 de marzo de 2025

Para los poco aficionados al fútbol, les explicaré que el VAR es un sistema de videoarbitraje que se ha implantado hace unos años en el fútbol mundial, mediante el cual se revisan a cámara lenta algunas jugadas dudosas con la intención de corregir errores arbitrales. El sistema, que se vendió como una innovación positiva similar a la ya usada en otros deportes -tenis, rugby, hockey, fútbol americano-, ha funcionado aceptablemente en una mayoría de países, aunque en otros -especialmente en España- está generando grandes polémicas hasta el punto de que entrenadores como Lionel Scaloni (selección argentina) o Jagoba Arrasate (RCD Mallorca) han afirmado con mucha rotundidad que se aplica con arbitrariedad y que ha acabado distorsionando el juego.

¿Cuáles son sus problemas principalmente en España? Lo primero que hizo, tras la implantación del VAR, el Comité Técnico de Árbitros -incardinado en la Real Federación Española de Fútbol- es organizar el correspondiente chiringuito. Se creó un cuerpo de “árbitros asistentes de video” (VOR), integrado por colegiados jubilados, descendidos de categoría y, en general, los que ya no pitaban encuentros de La Liga, dotándoles de una buena remuneración e incrementando exponencialmente el número de árbitros necesarios para cada partido. Ello ha acabado convirtiendo una interesante innovación -de apoyo al árbitro principal de campo- en la protagonista que decide los partidos con su enrevesada utilización de la tecnología.

En segundo lugar, se dictó un protocolo prolijo y confuso para regular su aplicación que ha ido mucho más allá de la intención inicial del instrumento (que era corregir errores objetivos, como la salida del balón del campo, el control del fuera de juego o la comprobación de si la pelota había o no traspasado la línea de gol). Algo pensado para rectificar errores se está usando para reinterpretar decisiones, generando que cada semana aparezcan incidencias que acaban siendo resueltas de manera dispar.

Y, en tercer lugar, la pésima utilización de esta tecnología está dando lugar a suspicacias inevitables acerca de una deliberada introducción del voluntarismo y la manipulación en muchos resultados futbolísticos. Dando al traste con más de cien años de tranquilidad analógica, han acabado implantando la arbitrariedad tecnológica. En el fútbol que yo jugué, pese a ciertos errores, todos entendíamos las reglas. Hoy nadie sabe -profesionales incluidos- qué va a acabar decidiendo el VAR.

Esto que aquí les cuento es la metáfora perfecta de cómo funciona en España todo lo relacionado con las Administraciones públicas. La enfermiza tendencia a hiperregular, a colonizar o manipular las instituciones y a crear continuamente organismos -compartida con la Unión Europea- hace que esos chiringuitos cobren vida propia y se conviertan en fines en sí mismos, sobrepasando -en su amorfo crecimiento- el objetivo inicial para el que fueron creados. Al final, la mayoría de comités, directorios, institutos, agencias y observatorios existen con la finalidad de generar su propia burocracia, enrevesar todos los trámites y crear más problemas de los que resuelven, sin reportar utilidad real a la sufrida ciudadanía que los costea.


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