La transformación de Sa Riera en el Caribe no es nueva y tiene una explicación muy sencilla. El agua llega procedente de los pozos que Emaya tiene en Son Tugores. Allí, la empresa municipal quita la sal con el objetivo de que cuando salga del grifo tenga mejor sabor. Precisamente, es esa agua salada eliminada la que va directamente al mar pasando por el torrente.
En ocasiones, como ha sucedido ahora, adquiera esta tonalidad debido a las altas temperaturas. En años anteriores, desde Emaya han asegurado que cuentan con el beneplácito de la Conselleria de Medi Ambient ya que no tiene ninguna sustancia contaminante.