OPINIÓN

El capitalismo salva más árboles que el ecologismo

Mallorcadiario.com

José A. García Bustos | Sábado 01 de junio de 2024

Me declaro muy fan de Miguel Anxo Bastos, voz autorizada de la fórmula más progresista que existe: capitalismo, ahorro y trabajo “duru”.

El capitalismo es progreso. Es el sistema económico que más hace avanzar a las sociedades y a sus ciudadanos. Genera más riqueza una sociedad que aporta tractores (capital) al cultivo de los campos que la que sigue labrando con arados tirados por mulas y campesinos con azadas.

El capitalismo se basa en la propiedad privada de los medios de producción, dando prioridad al capital sobre la mano de obra, y asume la asunción de riesgo por parte de los emprendedores que arranquen un proyecto empresarial.

Algunos dirán que el capitalismo es malo y destructor del medio ambiente. Es un simplismo aprehendido de la televisión y de algunos políticos que pervierten continuamente el lenguaje. Como en todo, hay que culpar determinadas conductas dentro del capitalismo, pero no al sistema.

El profesor Bastos es portavoz cualificado de los economistas de la escuela austriaca y aporta un enfoque interesante sobre los recursos naturales. Afirma que los éstos no van a desaparecer porque no son fijos ni escasos. Así como suena.

Son escasos desde un punto de vista físico pero no lo son desde un punto de vista económico. La afirmación suena extraña, lo sé, pero nos han educado con una sola concepción sobre la realidad, que además es limitante: la física. La concepción económica brilla por su ausencia en toda la educación reglada.

Nos han enseñado multitud de magnitudes físicas; a pasar de metros a kilómetros, de áreas a hectáreas y de litros a mililitros, pero la falta de un razonamiento económico desde el colegio, ampliamente criticada en mis escritos, trasciende del nulo conocimiento recibido sobre cómo se crea el dinero o cómo funciona el sistema financiero.

Nos han privado de un nuevo enfoque como el que pretendo hacerles llegar, inspirado en las charlas del profesor Bastos. Con esta nueva concepción llegamos a la conclusión de que los recursos del planeta se pueden agotar en términos físicos pero no en términos económicos.

Quiero aclarar que en ningún momento estoy intentando transmitir que el cuidado del medio ambiente no sea necesario. Estoy hablando de otra cosa. Hay que frenar y castigar las conductas depredadoras con el medio ambiente. Precisamente en la conclusión de este artículo verán que el capitalismo hace mucho más por el medioambiente que otras corrientes de protesta.

Aun siendo la superficie de tierra de cultivo fija, en términos económicos no lo es. Aplicando al mismo espacio de siembra, fertilizantes o plaguicidas más eficientes que tripliquen la producción de trigo, podemos decir en términos económicos que se triplica la tierra de cultivo.

Lo que hoy es un recurso, mañana no lo será y lo que hoy no lo es, puede que mañana lo sea. El recurso, desde un punto de vista económico, depende de la tecnología. Algo que ahora despreciamos (piedras a las que no hoy le vemos utilidad) pueden ser un recurso valioso en el futuro (por el metal que se consiga extraer y el uso que pueda tener).

Pongamos el ejemplo del petróleo. Al hilo de mi artículo de la semana pasada, repasando el caso de la familia Salas y la visión empresarial de Manuel Salas Palmer que creó la mayor refinería de España, el petróleo no servía para nada en los siglos anteriores al XIX porque no tenía uso con la tecnología del momento. Manuel Salas aprovechó el descubrimiento de yacimientos y el uso del refino. Decidió arriesgar y compró barcos para ir al origen y traer a España petróleo para refinar.

Las tribus de los indios caribes de Venezuela vivían en la antigüedad sobre terrenos pantanosos cargados de petróleo que hacía que las tierras fueran yermas y no se pudiera cultivar en ellas. El petróleo les era nocivo para sus intereses.

Fue cuando el homo economicus capitalista descubrió que con la técnica del refinado y posterior distribución del petróleo podía hacer negocio al facilitar el iluminado de casas y ciudades, cuando el petróleo pasó de ser un recurso molesto a un recurso de gran utilidad.

En el siglo XIX se refinaba petróleo para luminarias y en el siglo XIX se empleó para los motores de explosión de los vehículos. En el siglo XXI los motores son híbridos y van relegando a un segundo lugar la gasolina. La tecnología irá avanzando y con ella modelos capitalistas irán implantándola en sus procesos de producción.

Es por esa razón que las empresas tienen potentes departamentos de I+D. La innovación aplicada a los negocios les dará una posición dominante.

Ya existe la tecnología para que los coches dejen de depender por completo de los derivados del petróleo.

Hoy en día, en España ya existen coches que funcionan con hidrógeno. Incluso se comercializan dos modelos: Hyundai Nexo y Toyota Mirai. Estos vehículos requieren de un proceso químico llamado electrólisis y repostan en estaciones de servicio llamadas hidrogeneras. Emiten cero emisiones contaminantes, solo vapor de agua.

Son caros (unos 75 mil euros) y están en fase experimental. Pero el capitalismo permitirá que emprendedores los fabriquen a escala y disminuyan costes y precios para satisfacer una amplia demanda.

El recurso desde un punto de vista económico es el transporte (el vehículo), no el petróleo que lo es desde un punto de vista físico. Por eso nos infunden miedo diciendo que los pozos de petróleo se están secando y aprovechan para introducir políticas “ecosostenibles” que restringen libertades (ver el caso de las tractoradas en Países Bajos, Alemania, etc), expropiar fincas o subir impuestos.

La tecnología dota de utilidad o los deja obsoletos a los recursos físicos. En cambio, los recursos económicos siempre permanecen.

Otro ejemplo. El hombre quiere pan (recurso económico), no trigo. El homo economicus capitalista puede hacer que la tierra (recurso físico) sea más productiva con tractores, plaguicidas y otro tipo de inventos generados por la mente humana que hacen que una hectárea sea más eficiente y produzca más trigo. Pero no basta el avance del conocimiento. Tiene que haber uno o varios capitalistas que inviertan en capital y mano de obra para crear procesos productivos basados en dichos avances tecnológicos que consigan abaratar costes y producir en masa.

Otros emprendedores apostaron por la comunicación sin cables y crearon plataformas digitales en Internet para comunicarse a distancia. Youtube, Zoom, Google Meet son proyectos llevados a cabo por empresarios capitalistas que han evitado millones de viajes de personas que se encontraban separadas, incluso a miles de kilómetros, ya fuera para reuniones o formaciones. Pueden imaginar que ha sido importante el ahorro en la huella de carbono, ahora que está tan de moda esa expresión, aunque se haya creado dentro de esa corriente “ecosostenible” que tiene como objetivo restringir nuestras libertades.

Desde que se popularizó el correo electrónico se ha evitado la tala de millones de árboles y la contaminación derivada del transporte físico de lo que otrora hubiera sido el reparto de cartas y documentos en papel.

Todo ello es el resultado de proyectos empresariales iniciados por algún capitalista. Es por todo ello que, como dice el profesor Bastos, salva más árboles el capitalismo (con su acción directa sobre la eficiencia en los recursos) que el ecologismo (con sus protestas).


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